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Viernes, 13 de abril de 2018

La decisión de Rajoy

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Miles de afiliados y simpatizantes, cargos electos, cuadros intermedios y hasta la mismísima dirección nacional del PP, están pendientes de la decisión de Rajoy.

Sobre sus espaldas ha recaído la decisión última de la suerte política de Cristina Cifuentes. Después de tantos años al frente del Gobierno ya nadie espera ni debería esperar una decisión inminente. Nos enteraremos de su decisión horas después de que la haya tomado. Cifuentes, atrincherada en su posición que es claramente insostenible por mucho tiempo, le ha pasado la pelota al jefe de su partido, cuando lo correcto es que a la vista de los acontecimientos, del daño objetivo que está haciendo a su partido, debería ser ella, de motu proprio, quien ya debería haber tomado la decisión más sensata: retirarse por aquello de "patriotismo de partido".

 

No lo ha hecho y no lo hará. Resistencia numantina que a la primera que desgasta es a ella misma. Hay que suponer que éstas y otras consideraciones habrán estado en su cabeza y en la de quienes le rodean, pero no, no va a dimitir. Se lo tiene que pedir Rajoy.

 

En la fontanería de esta crisis están muy pocas personas: Cospedal, Maillo y ahora ya el propio Rajoy. No veremos en el Presidente ningún gesto especial y, ni mucho menos, una palabra más alta que otra. Ya va acumulando experiencia en esto de poner la mano en el fuego, o de mostrar especial afecto. Rajoy, cuando tome la decisión, lo hará desde la distancia y sospecho que lo que decida irá más allá de la propia Cifuentes. Lo que sí es seguro es que no será candidata a las próximas elecciones, dando al traste con los planes iniciales de la calle Génova.

 

En el PP no cabe más desconcierto ni más agobio y no tanto por las encuestas, que también, como por el hecho de verse día a tras día en las primeras paginas de los periódicos. "Esto es insoportable", confiesa un miembro de la dirección nacional cansado de tanto desasosiego.
 

Desasosiego por la situación propia y enfado, profundo enfado con Ciudadanos a quienes ya califican como los coleccionistas de huesos y ahí esta el dilema. ¿Hay que dar una cabeza más a Rivera? Hay una severa resistencia interna a que esto ocurra, tan severa como la convicción de que Cristina Cifuentes tiene que dar un paso atrás. Pudiera ocurrir --no hay que descartarlo-- que Cifuentes se vaya y que haya moción de censura. Algunos hacen cálculos y creen que apenas ocho meses en el Gobierno de Madrid, sometidos a un vía crucis permanente sea quien sea el sucesor de Cifuentes, a lo mejor no merece la pena. A lo mejor compensa un paso atrás en bloque, unos meses de Oposición y recomponer el partido en Madrid, hoy hecho trizas. En esta hipótesis no descartable, Cifuentes se iría al día siguiente de que Gabilondo se convierta en presidente de la Comunidad de Madrid por unos meses. Y que nadie se engañe porque si a algún partido molesta esta hipótesis es a Podemos que ya ha puesto condiciones para dar su apoyo al candidato socialista.
 

Las decisiones a tomar deben estar inspiradas en la moralidad cívica que hace incompatible la permanencia de Cifuentes por mucho que no esté imputada --que no lo está-- y por mucho que el asunto de su máster no tenga que ver con su tarea política. Tiene que ver con la credibilidad que es un concepto no medible. Tiene que ver con que lo que hay que explicar muchas veces es algo que en política siempre falla. Pero además de una cuestión de principios es también una decisión que puede ser estratégica para el PP. Y es lo que, con toda seguridad, hará Rajoy. Combinar ambas cosas y lo hará de acuerdo con su concepto del tiempo en la seguridad de que mientras tanto serán otros, los grupos de Oposición, quienes se desgasten entre sí.
 

Rajoy tiene su propio concepto del tiempo y hasta ahora todos los tiempos que ha marcado los ha ganado. Ahora no tiene por qué ser de otra manera y no hay que descartar que se produzca decisión y jugada. Madrid no es Murcia.

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