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Sábado, 27 de enero de 2018

Altas, delgadas y bellas

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"Una periodista del Financial Times se hizo pasar por una azafata en la Cena de los Presidentes, un banquete anual que recauda fondos para buenas causas entre el establishment empresarial, financiero y político, que un maestro de ceremonias definió acertadamente como "el evento más políticamente incorrecto del año".

Los 360 invitados eran solo hombres y, para servirlos, se reclutaba a 130 azafatas "altas, delgadas y bellas", a las que se exigía llevar ropa interior negra a juego con las minifaldas que se les proporcionaban. A las mujeres se les hacía firmar acuerdos de confidencialidad, se les prohibía llevar móvil y se les ofrecía reiteradamente alcohol.

 

Los periódicos recogían así las condiciones, de celebración de un peculiar acto social que, finalmente, ha puesto en jaque al gobierno británico y provocado un escándalo de enormes dimensiones.

 

"Las trabajadoras eran acosadas y toqueteadas constantemente por ciertos invitados. Uno de ellos decidió mostrar su pene a una azafata, y otro invitó a una a terminarse la copa de champán, arrancarse las bragas y bailar encima de la mesa. Los premios de la subasta benéfica incluían un vale por una operación de cirugía estética para añadir un poco de picante a su esposa, un té con el gobernador del Banco de Inglaterra y una comida con el ministro de Exteriores, Boris Johnson".

 

Se podía leer en todas las crónicas. Hasta ahí el relato y a partir de ahí las preguntas, que no son pocas. ¿Qué hubiera pasado si la periodista no hubiera decidido infiltrarse en una cena con fines benéficos y sin "derecho a roce" aunque los poderosos comensales se creyeron que podían pisotear a sus anchas la dignidad de las camareras?

 

 ¿En los 30 años que se lleva celebrando el evento nunca se había producido nada similar, o había un silencio cómplice en torno a la reunión de directivos del más alto nivel del distrito financiero? Estamos ante la punta de iceberg o como dijo la secretaria de Estado Anne Miller en el parlamento británico ¿hay una asociación entre gente rica y este tipo de comportamiento? Más allá del escándalo que se ha llevado por delante al club sin ánimo de lucro que organizaba la cena -donde se apresuraron a decir, a modo de excusa que había recaudado, en los últimos años veinte millones de libras -o que el hospital infantil al que se destinaban la mayor parte de los fondos haya anunciado que devolverá las donaciones por el comportamiento inaceptable en esa gala, el asunto es que el machismo no es ni mucho menos algo del pasado y el abuso de todo tipo hacia las mujeres es una realidad universal.

 

En los últimos meses actrices como Ashley Judd, Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow y otras muchas decidieron romper su silencio, y denunciar al todopoderoso productor de Hollywood Harvey Weinstein, al que decenas de intérpretes acusaron de distintos grados de abuso cometidos durante décadas, caso que ha acabado destapando las miserias de prestigiosos periodistas y cadenas de televisión, de legisladores progresistas y conservadores y de ejecutivos de la nueva economía de Silicon Valley.

 

El relato de los abusos que abrió la caja de los truenos fue así, según contó la actriz Ashley Judd al The New York Times. "Imagínese que usted tiene 23 años y lleva 10 luchando por ser capaz de vivir de sus sueños. Hace una semana no duerme, porque recibió la llamada de un tipo muy influyente. Se llama Harvey Weinstein. Sus amigos le dijeron que si le cae bien a él, seguramente se le van a abrir las puertas del mundo. La citó a una reunión en el hotel Península Beverly Hills y usted llega puntual, ilusionada, esperanzada de quedarse con ese papel en esa película que promete disparar su carrera. En la recepción le dicen que siga a su habitación. Usted toca y él abre la puerta, luciendo una bata de baño. Usted se asusta. Le parece muy inapropiado que la reciba en bata para una cita de trabajo. Weinstein, sin rodeos, le pregunta si le puede dar un masaje o que si quiere mirarlo mientras él se baña. Usted piensa: '¿Cómo carajos salgo de esta habitación de hotel sin hacer enojar a Harvey Weinstein?'.

 

También en los últimos días hemos oído espeluznados el relato de las víctimas de Larry Nassar, el médico depredador que abusó de más de 200 deportistas y se ha sabido que ni la Universidad de Michigan, ni el comité olímpico, ni la federación de gimnasia nunca hicieron nada para detenerle aún siendo conocedores de lo que ocurría. Este monstruo pasará toda su vida en prisión pero hay muchos Larry Nasar por descubrir y debemos desenmascararlos a todos. El camino para erradicar los abusos hacia las mujeres es todavía muy largo pero la lucha es imparable y aunque tardemos décadas en conseguirlo nos avala la fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza que padecemos.

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