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Lunes, 8 de enero de 2018

No es culpa de los conductores

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El caos ocasionado en algunas carreteras por las primeras nevadas del año, con cerca de 3.000 coches bloqueados desde el sábado, familias paralizadas hasta 18 horas sin auxilio, escasísimos albergues o lugares donde pasar las horas de mayor frío con algo de abrigo, calor y alimento, han dibujado una fotografía de escasa capacidad pública ante una emergencia tan previsible como la caída de nieve en enero.

La concesionaria de la AP-6, la autopista de peaje que sale de Madrid camino de A Coruña culpó a numerosos conductores por no acceder con el equipamiento adecuado; y el director general de la DGT, Gregorio Serrano, se desligó de cualquier responsabilidad pública al asegurar que este organismo había avisado insistentemente del temporal de nieve y que los conductores “o no se han enterado o no han tomado las precauciones necesarias”. Una reacción extremadamente pobre e insuficiente.

 

El Estado tiene numerosos recursos para reaccionar ante una situación de emergencia como la que se vivió este fin de semana: desde desplegar máquinas para echar sal a enviar quitanieves y grúas o cortar tramos de circulación imposible por la nieve y los vehículos acumulados. Y una vez comenzado el desastre, también debe ser capaz de asistir a la población afectada con información concreta, alimento, bebida, mantas o acceso a refugios improvisados. Nada de ello, o en escasísimas dosis, ocurrió en la noche del sábado a domingo, a tenor de los múltiples testimonios de angustia y abandono que padecieron los bloqueados.

 

Los ministros de Fomento y de Interior tendrán que explicar a fondo por qué no se cortaron los accesos, no se asistió a las víctimas y no funcionaron a tiempo las quitanieves y la sal. Un Estado moderno debe distinguirse por evitar o mitigar situaciones de emergencia tan primarias como las provocadas por la climatología y, en caso de producirse, por aminorar sus consecuencias. Ninguna de esas cosas ocurrió.
 

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