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Sábado, 6 de enero de 2018

Turquía retrógrada

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La deriva autoritaria que vive Turquía desde que accedió al poder el partido islamista del presidente Recep Tayyip Erdogan ha tenido en los últimos días un nuevo e inquietante episodio: la Dirección de Asuntos Religiosos (Diyanet), la autoridad que gestiona la vida religiosa del país, ha defendido que las niñas puedan casarse a los nueve años y los niños a los doce.

Esta involución teocrática amenaza ahora con alcanzar a uno de los principios de la república laica, la prohibición del matrimonio infantil. La ley establece en 18 años la edad mínima para casarse y permite uniones a partir de los 16 con autorización de un juez.

 

Aunque la declaración de Diyanet fue retirada a la vista de las reacciones y el Gobierno ha desmentido que proyecte cambios legales, muchos observadores lo han considerado un globo sonda destinado a evaluar la resistencia que encontraría permitir el matrimonio infantil, algo que una parte de la doctrina islámica no solo tolera sino que alienta. Sería un nuevo e intolerable paso atrás por parte de un Estado cada vez más dominado por la estructura religiosa.

 

En 2008 Diyanet declaró inmoral el feminismo y hace dos años sostuvo que “no es necesariamente pecado que un padre tenga deseos lujuriosos por su hija”. Recientemente se cambió la ley para rebajar las penas a los adultos que tuvieran relaciones sexuales con menores de 15 años y se llegó a presentar un proyecto de ley, que la oposición logró frenar, por el que el violador de una menor podía eludir la cárcel si se casaba con ella.

 

El matrimonio infantil es una lacra que aboca a muchas niñas al abuso sexual, les impide el acceso a la educación y las condena a una vida de dependencia y sumisión. Es de esperar que la sociedad laica turca tenga la vitalidad suficiente para detener la erosión democrática y la involución que alienta el proyecto político de Erdogan.

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