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Lunes, 1 de enero de 2018

Deseos ¿imposibles? para 2018

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Alguien le pregunta a Mafalda cómo será el año que viene. Y Mafalda responde: "¡muy valiente, porque como anda la cosa, atreverse a venir!". En 2018 necesitamos ciudadanos valientes, profesionales valientes, políticos valientes, mujeres valientes que se crezcan ante las dificultades y que se atrevan con todo porque no va a estar fácil para nadie.

Habría que empezar por la política. No es sólo la difícil situación en Cataluña, son muchos problemas más porque nos estamos jugando el ser como nación y como pueblo. De lo que hagamos hoy en asuntos como la defensa del Estado de Derecho, la educación, la investigación, la modernización del país, la organización del Estado o la justicia, depende el futuro de nuestra economía, de nuestras pensiones o del empleo. Solo un acuerdo de Estado entre los grandes partidos constitucionalistas en todos estos temas podría abrir una ventana al optimismo. Rajoy debe acometer una profunda reforma de su partido y de los cuadros del mismo o el que se irá a su casa, más pronto que tarde, será él. La izquierda que representa todavía el Partido Socialista tiene el mismo problema, agudizado porque no sabe dónde está, practica lenguajes distintos y hasta opuestos, no gobierna o lo hace en algunos sitios apoyando a su peor enemigo, que es Podemos, otro partido en declive. Sánchez tiene que demostrar todavía si es un candidato a gobernar España o sólo otro momento perdido en la historia del socialismo español. Y Ciudadanos tendrá que asumir más responsabilidades reales y mayores compromisos. Se lo juega todo en poco tiempo.

 

Un segundo deseo es profundizar en la independencia de la justicia y reforzar el imperio de la ley y la división de poderes que en España todavía no se respeta suficientemente. La Justicia puede ser incómoda en algunos momentos para el poder y para solucionar conflictos a los que ha llevado la locura de algunos. Pero sólo la independencia de los jueces garantiza la igualdad ante la ley. Lo que no es legal no es democrático. Quienes se sitúan fuera de la ley deben ser juzgados con arreglo a la ley. Y, mientras la ley actúa, hay que dialogar para encontrar caminos nuevos. Hemos perdido ya demasiado tiempo y estamos al borde del precipicio. O rectificamos o nos hundimos todos. La democracia es un sistema bueno y sano, pero cuando se vuelve loca se convierte en sí misma en algo peligroso.

 

Y hay que volver a hablar de lo que interesa, de lo que preocupa, de lo que debería ser noticia y dejar de hacerlo de otras cosas. Menos política y más sociedad. Menos "famosos" de pacotilla y más de esos hombres extraordinarios que dentro de nuestras fronteras y fuera de ellas se están dejando la piel por los hombres que sufren. Más atención a los refugiados que se juegan la vida cruzando el desierto o el mar y no encuentran acogida entre nosotros sino rechazo porque son pobres y porque no queremos compartir nada con ellos. Hay que repensar el Estado del Bienestar para garantizar su supervivencia y la protección real de los más débiles. Europa vive hoy mejor que nunca, pero el aumento de la desigualdad y las brechas sociales y salariales son una amenaza al propio sistema democrático. Ojalá vuelva la cordura a los dirigentes y 2018 cambie la tendencia. Y ustedes que lo vean.

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