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Miércoles, 27 de diciembre de 2017

La desconexión

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La incertidumbre que genera el escenario político salido de las urnas catalanas amenaza con extender sus tentáculos al resto del país; y no solo a escala económica.

La derrota o estancamiento de los dos partidos hegemónicos a escala nacional, PP y PSOE, merece una reflexión aparte porque pone de manifiesto una falta de conexión con la sociedad catalana que puede tener su reflejo también en el ámbito nacional. La vaciedad de las reacciones de sus líderes —Mariano Rajoy y Pedro Sánchez— ante los resultados que han arrojado las elecciones podría ser premonitoria.

 

El electorado catalán del Partido Popular se ha refugiado en Ciudadanos, lo que invalida la tesis de que se le ha castigado por la aplicación del artículo 155. Su fracaso hay que buscarlo en su perfil intransigente y su falta de propuestas para una sociedad fracturada. Es un extremo que el mismo Mariano Rajoy ha confirmado al alegar que su oferta para Cataluña es la actuación de su Gobierno y su compromiso con la ley; un programa electoral que ha cosechado en Cataluña para su partido el peor resultado de su historia.

 

El PSC no ha salido tan mal parado, pero ha errado en su estrategia de convertirse en el natural depositario del voto catalanista moderado, huérfano de liderazgo ante la deriva radical de la antigua CiU transmutada en la lista de Puigdemont. Los socialistas han jugado a la ambigüedad aproximándose al independentismo y rechazándolo al tiempo. Confrontados entre dos partidos, el de Borrell o el de Iceta, los electores han preferido los mensajes nítidos de otros contendientes. Su derrota no ha sido estrepitosa, pero el jarro de agua fría arrojado sobre sus expectativas no cuadra con la exigencia de Pedro Sánchez de que el PP asuma la responsabilidad de lo ocurrido y con su promesa de que de la crisis catalana solo se podrá salir por la izquierda.

 

Ciudadanos no solo es hoy una amenaza para la hegemonía de las formaciones secesionistas en Cataluña. Partido relativamente nuevo sin experiencia de poder, sus propuestas están libres de las servidumbres que demuestran paralizar en demasiadas ocasiones tanto al PP como al PSOE en un país necesitado de reformas. El partido de Rajoy, que se siente más en riesgo, ya está preparándose para las próximas elecciones con la vista puesta en Ciudadanos, el mejor posicionado para arrebatarle votos. El PSOE no debería confiarse como ha hecho en Cataluña. La crisis generada por el independentismo catalán ha empujado a España hacia el abismo; de paso, ha puesto frente al espejo a los hasta el momento dos grandes actores de la democracia. A corto plazo, su debilidad puede poner en peligro el inicio de la recuperación económica.

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