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Sábado, 23 de diciembre de 2017

Conllevancia

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No hubo sorpresa al despertar. Ya sabíamos que el dinosaurio seguiría allí. Nos faltaba el acta notarial del resultado de los comicios para conocer el tamaño del conglomerado separatista con el que tendremos que convivir.

Ahora ya lo sabemos. Es el mismo de antes. Pero hay novedades: Ciudadanos ha ganado las elecciones -una proeza llamada a tener resonancia en el resto de España-, aunque no veremos a Inés Arrimadas asomarse al balcón del Palau de Sant Jaume como presidenta de la Generalitat. Entre los defensores del ordenamiento constitucional sólo el partido naranja ha cumplido y rebasado las expectativas, el resto: PSC y PP, pincharon. En el caso del PP dándose un castañazo sin precedentes. Su derrota supone un castigo que debilita políticamente a Mariano Rajoy.

 

La correcta interpretación de la ley aplicando el Artículo 155 para frenar el proceso de sedición impulsado por los partidos separatistas le ha pasado factura. La política tiene estas paradojas. Como paradójico es que el otro vencedor del 21D haya sido no el preso Junqueras sino el prófugo Puigdemont. El pensamiento mágico en el que se mueven los independentistas gusta de los mitos y la figura del huido de la justicia hecho carne de plasma a diario por TV3 y demás televisiones contribuyó a la creación de un relato con tintes épicos. Que JxCat haya superado a ERC quiere decir que pese a la corrupción (el 3%), y los recortes sociales perpetrados por el "Govern" durante la etapa de Artur Mas, el grueso de la burguesía catalana perdona todo a sus líderes y no juzga sus obras porque prefiere seguir creyendo en sus promesas. Aunque devengan en falsedades; aunque la marcha de empresas (más de 3.000) anticipe el declive de la economía catalana. Cuando no en el dislate que supone la alianza con la CUP un partido asambleario cuyo objetivo es la liquidación del sistema capitalista. La CUP, por cierto, fue otro de los derrotados de estas elecciones autonómicas convertidas, por unos y otros, en un plebiscito encubierto. Pese a no serlo, han despejado algunos dilemas. Entre otros que Podemos (Pablo Iglesias) erró su estrategia y su marca en Cataluña pese a la alianza con Ada Colau -o precisamente por ella- ha salido trasquilada.

 

Y queda en el limbo el PSC. Muy a tono con la ambigüedad del discurso de Iceta. El parvo resultado compromete los planes generales de Pedro Sánchez. En resumen, volvemos a la casilla de salida: más votos los unionistas, más escaños los separatistas. El dinosaurio sigue allí, pero también la Constitución y el 155. ¿Qué hacer? Pues lo de siempre: lo que aconsejaba el filósofo ante un problema irresoluble: conllevancia.

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