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Jueves, 21 de diciembre de 2017

Más de lo mismo

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Salga lo que salga de las urnas el 21D, en Cataluña una parte significativa de los catalanes seguirán queriendo la independencia. Aunque la suma de votos de las opciones que defienden la Constitución sea mayor los separatistas seguirán a lo suyo porque no es cosa de un partido, es una mentalidad.

No ven la pertenencia de Cataluña a España como el lógico mestizaje fruto del devenir histórico porque les han inculcado que es el resultado de una imposición. De una derrota. Ha sido en la escuela y en determinados libros de Historia en donde durante años se fue realizando la alquimia que transformaba la Guerra de Sucesión en guerra de "secesión". O el relato según el cual durante la dictadura franquista -un régimen que contó con el apoyo explícito de catalanes muy notables- fue perseguido el idioma catalán y Cataluña perdió las libertades. Como si el resto de España no hubiera soportado el mismo gobierno totalitario. Después vino la gran falsedad del "España nos roba".

 

Para los separatistas lo de menos es que exista un consenso transversal entre historiadores de diversa ideología concluyendo que con el franquismo medró la burguesía catalana y que la Guerra de Sucesión fue un conflicto entre dos aspirantes a la Corona de España. La mitificación de la derrota (el 11 de Septiembre) y su transformación en la "Diada", una jornada reivindicativa impregnada de mística nacionalista ofrece la medida del calado de esa mentalidad. Nada de cuanto se haga o diga desde la racionalidad hará que cambie esa percepción. Aunque el constitucionalismo triunfara en las urnas esa suerte de estrabismo político que padecen los separatistas no desaparecerá.

 

¿Qué hacer ante semejante expectativa? Respetar y aplicar la ley. Sin violencia pero con firmeza. La Constitución es el marco. Sin salirse de él la política debe hallar los cauces más adecuados para garantizar la convivencia. España es una realidad histórica que atraviesa los siglos y así debe seguir. Lo demás es entropía, desorden en el sistema con el que habrá que convivir haciéndonos a la idea de que los separatistas van a seguir persiguiendo sus objetivos. Por lo demás: ataraxia. Imperturbabilidad ante las provocaciones que seguirán sazonando la crónica política del tiempo que está por venir porque tengo para mí que tras el 21D, en Cataluña vamos a tener más de lo mismo.

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