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Miércoles, 20 de diciembre de 2017

Un juego perverso

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Las elecciones no son el Jordán. No lavan los delitos relacionados con la corrupción. Los políticos tienden a tender trampas en relación con los resultados de los comicios. Donald Trump, sin ir más lejos, acaba de proclamar la teoría exculpatoria que según él aparejan las urnas en caso de victoria.

Señalado como está por tres ciudadanas (una de ellas senadora) que denuncian que hace unos años fueron acosadas sexualmente por el empresario y "showman" de televisión, ha dicho que puesto que denuncias parecidas fueron conocidas antes de salir elegido Presidente y eso no impidió su triunfo frente a Hillary Clinton, a él que le registren.

 

Los políticos defienden lo indefendible. En el caso más cercano que nos ocupa, me refiero a la situación política en Cataluña, la habilidad de alguno de los partidos que concurren a las elecciones, caso del hoy llamado JxCat (Carles Puigdemont) consiste en hacer como que nada tienen que ver con Convergencia Democrática, el partido fundado por Jordi Pujol que está encausado por muy graves delitos de corrupción.

 

Son sus herederos políticos, pero han conseguido que durante la campaña no les exijan explicaciones por el famoso sistema del 3%, organizado bajo las presidencias de Pujol y de Artur Mas para cobrar comisiones por adjudicar obra pública. Con el relato de la fuga de Puigdemont (presentada como "exilio") tras proclamar la República y el discurso contra la aplicación del Artículo 155, han borrado ante los suyos el estigma. Puestos a tapar, también, lo han intentado con las ineficiencias del Govern en políticas sociales, sanidad, dependencia, trabajo e infraestructuras. Por no hablar de la muy reciente y aún no conjurada fuga de empresas que han trasladado sus sedes y domicilios fiscales fuera de Cataluña.

 

A ojos de sus fieles, nada les salpica. Es un juego perverso que deriva en un insoportable patriotismo de partido que lleva a ciertos políticos a confundir los éxitos en las urnas con una amnistía respecto de sus corruptelas. Es una estrategia que pudre uno de los pilares del sistema democrático: el periódico control del poder por parte de los ciudadanos. Sin sanción en las urnas, nunca nos libraremos de la corrupción.

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