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Domingo, 10 de diciembre de 2017

La Venezuela de Maduro, en quiebra y sin crédito político

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Hubo un tiempo en el que a Venezuela se le consideró el sueño americano del Sur porque era una de las cinco potencias más ricas del planeta, una especie de Noruega moderna.

Hoy la nación caribeña sigue contando con enormes recursos naturales, con las mayores reservas petrolíferas del mundo y con un gran potencial humano.

 

Sin embargo, acaba de ser declarado en default por la agencia Standard & Poor's por el impago de 183 millones de dólares en dos bonos de deuda vencidos.

 

La quiebra técnica de Venezuela se produce después de que el régimen bolivariano haya arruinado por completo la economía, incapaz de controlar una superinflación que en lo que va de año ya alcanza el 1.369%. Resulta dramático el desabastecimiento de productos de primera necesidad, incluidos medicamentos.

 

Como hoy publicamos, ello está provocando la propagación de epidemias de enfermedades como la malaria, la difteria o la tuberculosis.

 

Es la Venezuela de la miseria y la desigualdad, fruto de las políticas de un Gobierno incapaz como el de Maduro, por si fuera poco decidido a laminar cualquier resquicio de democracia y a convertir al país en una tiranía como las de las repúblicas bananeras latinoamericanas del siglo XIX que creíamos que ya sólo podían verse en Cuba -no en vano, único aliado hoy de Caracas-.

 

Venezuela está secuestrada por una élite militarizada que, a través de la fuerza y violando sistemáticamente los derechos humanos, ha impuesto un régimen autoritario de corte populista. No nos cansaremos de repetir que la comunidad internacional debe ejercer toda la presión diplomática para ayudar a los venezolanos a recuperar la democracia. Y España tiene que asumir un liderazgo mucho mayor en este sentido, que empuje a la UE y a otras potencias en esa dirección.

 

Hoy se celebran elecciones municipales. Una nueva mascarada del régimen chavista que, al más puro estilo de las dictaduras, intenta legitimarse con llamamientos a las urnas. Maduro vende como democracia lo que no son sino procesos electorales perversos controlados de principio a fin por el oficialismo. Hoy ya no hace falta ni amañar los resultados. Porque los principales partidos de la oposición se han negado a presentarse, tras el pucherazo de las recientes elecciones a gobernadores.

 

Aun así, Caracas teme la imagen de colegios vacíos, y para lograr una movilización más alta amedrenta a los ciudadanos pidiéndoles que usen el llamado carné de la patria. Este documento, que permite al régimen controlar quién vota y quién no, sirve para acceder a los programas asistenciales del Estado, imprescindibles para malvivir en un país donde no hay de nada.La situación es tan dramática que el régimen debiera aprovechar la mano tendida de la oposición, dispuesta a reanudar un proceso de negociación, siempre que Maduro acepte liberar a los presos políticos y a devolver al Parlamento -de mayoría opositora- sus legítimas funciones.

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