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Domingo, 10 de diciembre de 2017

Flatulencias

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En los primeros actos de campaña, los ex consejeros Rull y Turull, quizá conmovidos por su reciente experiencia carcelaria, relataron a los asistentes las penalidades sufridas y, entre ellas, la intolerable falta de respeto al darles alimentos flatulentos y unas hamburguesas demasiado hechas.

Se supone que el Gobierno y la Justicia belga, tan atentos a las vejaciones que se viven en las prisiones españolas, habrán tomado buena nota de lo sucedido...

 

Bromas aparte, es desolador que el combativo discurso independentista haya terminado convertido en el relato victimísta, una vez más, en esta ocasión por las flatulencias. Es evidente que la persecución del Estado opresor les ha dado mucho juego y que como estrategia de campaña resulta inmejorable. Pero, ¿de verdad alguien puede sentirse conmovido ante el relato de tan pueriles agravios?

 

¿Qué pensaban los ardientes guerreros de la independencia que es la vida en un recinto penitenciario? Esperemos que, en los días que restan de campaña electoral, perfilen su argumentario para ofrecer al pueblo catalán, ese al que, según el documento 'Infocats', había que manipular, razones de mayor peso para que opten por la papeleta con sus siglas.

 

Antes, deberán ponerse de acuerdo ERC y JPC sobre quién ocupará la presidencia de la Generalitat, porque sus dos respectivos líderes van a tener difícil su presencia física al frente del futuro Govern. Y no porque el 'Estado franquista' se lo impida, sino por haber intentado cargarse la legalidad democrática que sustenta el estado de derecho.

 

Al no ser conscientes de la gravedad de los delitos a los que se enfrentan, y envueltos en el martirologio, Rull ha reprochado al dirigente socialista Iceta que mientras a ellos les colocaban las esposas él se dedicará a bailar. A lo mejor es que Iceta no quebrantó la ley y, en consecuencia, pueda hacer con su cuerpo lo que le plazca...

 

Sería deseable que, pese a no hablarse en los mítines de la famosa Ley de Desconexión, y que muchos de los dirigentes independentistas deban medir con cuidado sus mensajes para no volver de nuevo al trullo, las ofertas y el relato subiera de nivel y se dejara al margen la descripción de unas penalidades sufridas que podrán contar a los nietos con el aura de heroicidad que sean capaces de añadir.

 

Los viajes a Bélgica para dar ánimo a los prófugos están muy bien, a los separatistas flamencos les están enseñando folklore y agitar de banderas hasta el punto de que la estelada adornaba los coches de la policía belga en un acto insólito entre socios de la Unión Europea. Pero lo que deberían hacer los fugados, ahora que se ha retirado la euroorden, es tener la gallardía de regresar a Cataluña y afrontar sus responsabilidades para estar todos en esta campaña electoral en igualdad de condiciones.

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