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Viernes, 8 de diciembre de 2017

El separatismo contra Europa

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Bruselas fue el escenario ayer de uno de los actos más concurridos de esta campaña para los comicios catalanes del 21-D.

Porque la marcha de miles de ciudadanos en favor de la independencia en la capital comunitaria no fue otra cosa. Desde ese punto de vista, por caro que resultara, fue sin duda un éxito organizativo, con cientos de autobuses y vuelos fletados para llevar a tantos ciudadanos desde Cataluña.

 

Pero, más allá de lo propagandístico, la manifestación sólo sirvió para acentuar la división en el independentismo y para corroborar que los promotores del secesionismo hoy muestran tanta animadversión por España como por la Unión Europea.

 

ERC ya no disimula la frustración que le está generando la astucia con la que está capitalizando el ex president Puigdemont su martirio victimista.

 

Ayer disfrutó de un baño de masas en el país que ha escogido para fugarse, arropado por independentistas flamencos. Y tanto protagonismo ahonda en la herida del republicanismo catalán, cuyos líderes ven cómo pese a haberse llevado hasta ahora la peor parte por haber tenido la valentía de hacer frente a la Justicia -prisión provisional incluida-, es Puigdemont quien está dando la vuelta a las encuestas y acercando peligrosamente su partido a ERC, pese a que hace apenas un mes la antigua Convergència estaba hundida.

 

El ex conseller de Exteriores y número tres de Esquerra, Raül Romeva, dice que él no huyó porque "de ninguna manera" barajó evitar la cárcel si Junqueras corría peligro de acabar en ella. Sus palabras rezumaban una indisimulada crítica al oportunismo del ex president y malestar por su estrategia.Lo que resulta extraordinariamente grave es la deriva antieuropea de los seguidores de Puigdemont, ya que puede dañar todavía mucho más la imagen de Cataluña -y con ello, de toda España- en el exterior.

 

Ya hemos sufrido consecuencias como la desinversión de multinacionales o la exclusión de Barcelona como sede de la Agencia Europea del Medicamento. Y ayer en Bruselas se corearon barbaridades acompañadas de multitud de pancartas y símbolos contra la UE. Desde el momento en el que se hizo patente la falacia del independentismo de que los Veintiocho darían la bienvenida a su República, Puigdemont dedica sus mayores dardos a Europa. Tratar de desprestigiar al mayor espacio de prosperidad y libertades del planeta es la única forma que tiene de contrarrestar lo que hoy ya nadie duda: que una Cataluña independizada quedaría fuera de la UE.

 

A nadie se le niega su derecho al pataleo. Y ayer los independentistas se permitieron tratar de dar lecciones de democracia a Europa. Aunque a cambio recibieron una respuesta contundente del vicepresidente de la Comisión Timmermans: "Todos tienen derecho a expresarse, pero no a ignorar la ley". Hay que tener ganas de darse la paliza de viajar hasta Bruselas para aprender algo tan básico.

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