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Jueves, 23 de noviembre de 2017

Rufián

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Apercibido por la presidenta del Congreso, el diputado de ERC no se presentó ayer en el hemiciclo vestido de superman ni con ninguno de los aditamentos con los que suele ilustrar sus intervenciones. En su magnífico despacho de la Carrera de San Jerónimo atesora objetos como impresoras, esposas o camisetas con los que teatraliza sus inventivas contra el resto de los grupos, salvo Podemos, por supuesto.

No se conoce el contenido de la filípica que Ana Pastor le dirigió en la discreción de su despacho, pero el tono en la sesión de control no bajó ni un ápice. A la incongruencia de seguir de diputado en el Congreso de un Estado "opresor" y que quiere abandonar, se suma su desconfianza de que el Gobierno respete el resultado electoral de unos comicios "ilegítimos" a los que, por supuesto, piensan concurrir.

 

Ayer miércoles sustituyó sus vistosas camisetas llenas de lemas independentistas por un forro polar, posiblemente en homenaje al frío que están pasando en Bruselas los prófugos Puigdemont y compañía, y con el lacito por la libertad de los "presos políticos". Pero su mensaje sigue siendo el mismo: el desprestigio de las instituciones democráticas del Estado que le da cobijo y le paga su privilegiado salario, al que, por cierto, no está dispuesto a renunciar.

 

Si no fuera por el daño que está haciendo a la imagen de la democracia española, a sembrar la semilla de la discordia, a hacer creer en Cataluña que el asiento que ocupa podría ser el de las Cortes franquistas, a sostener la falacia de unos cuerpos de seguridad represores de las libertades y un ejército presto a intervenir, sus grotescas intervenciones no tendrían la menor relevancia.

 

Cabe preguntarse si los votantes de ERC, que le eligieron para defender los intereses de Cataluña en el Congreso de los Diputados, conocían su capacidad oratoria, su vena faltona, y su nulo interés por aportar ideas que permitan mejorar la vida y las necesidades sociales y laborales de los catalanes. Porque, conviene recordar que Esquerra Republicana es una formación independentista pero también de izquierdas, y da la impresión de que la redistribución de la riqueza no parece importarle un rábano al diputado Rufián.

 

Debería aprender de las correctas y eficaces formas parlamentarias de los dirigentes de la oposición en el Parlament de Cataluña, quienes, pese a ser ninguneados por el Govern del que formaban parte sus siglas, defendieron desde la tribuna la ilegalidad de la Ley del Referéndum y la de Desconexión con argumentos jurídicos y no con patochadas. Entre otros Joan Coscubiela que hizo un discurso antológico lleno de sensatez. Pero, para Rufián, debe ser un fascista.

 

Conocido hasta la saciedad su ardor guerrero, puede uno imaginar la opinión que le merecen las declaraciones, catalogando de "simbólico" el advenimiento de la Republica catalana, el acatamiento a la Constitución, y el respeto al artículo 155, de los "presos políticos"; pero eso solo lo saben sus íntimos.

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