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Jueves, 16 de noviembre de 2017

Era un farol

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Cómo en la fábula de la zorra y las uvas. Ahora resulta que los principales dirigentes del "procés" secesionista admiten que "no hay mayoría social suficiente que apoye la independencia (Joan Tardá); ni "habían calculado bien los tiempos" (Artur Mas); ni estaban preparadas las tan cacareadas "estructuras de Estado"; ni estaba asegurado el reconocimiento internacional de la futura República catalana; ni habían dicho la verdad cuando afirmaban que tras separarse de España, Cataluña seguiría formando parte de la Unión Europea. Era un farol.

Mentían a sabiendas de que estaban engañando a los miles de ciudadanos a los que previamente, durante años, han estado reclutando para una causa -la de la independencia- de registro tan emocional como ucrónico.

 

La aplicación del Artículo 155 que, entre otras medidas transitorias, apareja la disolución del Parlamento autónomo y la destitución de todos los miembros del "Govern" ha sido la piedra de toque para frenar el "procés". Para detener con todas las de ley, dígase una vez más, una deriva sediciosa orquestada sobre bases que aunaban la manipulación a la falsedad al tiempo que intoxicaban a la ciudadanía con argumentos y promesas fuera de la realidad.

 

Falsos son los memoriales de agravios y falsas son las razones que dan los otrora prepotentes líderes separatistas para intentar justificar su fracaso. No es cierto que el Estado haya reprimido la sedición con violencia extrema como argumentan ahora para cubrir su fracaso. La realidad es otra. Más de dos mil empresas han abandonado Cataluña trasladando su sede social a otros lugares de España y entre ellas, alrededor de mil, también han cambiado su domicilio fiscal. Los primeros cálculos del coste de la fallida aventura secesionista hablan de pérdidas empresariales que rondan el 30%. Los hechos son tozudos.

 


¿Quién pagará los platos rotos? ¿Con qué alegato victimista intentarán disimular sus engaños y su fracaso? Artur Mas ya se ha desmarcado de Puigdemont diciendo que él sólo asume su responsabilidad hasta enero del 2016, la fecha de su relevo en la Generalitat.

 

¿Y, los demás? Empezando por el jesuítico Junqueras, hoy en prisión provisional, o el "épico" Comín, ¿pedirán perdón por haber embarcado a tanta gente? Les dirán -como dijo ante el Tribunal Supremo Carme Forcadell para librarse de la prisión- que la proclamación de la independencia fue un "acto simbólico "¿Les dirán que iban de farol? Cabe esperar que los ciudadanos catalanes, llamados como están a las urnas el día 21 de Diciembre, acierten a dar respuesta a estos aventureros de la política. Acierten a ponerles en su sitio.

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