Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

.
Jueves, 26 de octubre de 2017

La espera y la esperanza

Guardar en Mis Noticias.

Don Pedro Laín Entralgo, que fue médico, historiador, ensayista, filósofo y discípulo de Ortega y de Zubiri, era un maestro en muchas cosas y sobre todo en antropología médica. Laín escribió un libro que se titula "La espera y la esperanza". Si hoy estuviera entre nosotros, seguramente su análisis filosófico, médico y científico sobre el conflicto catalán, sobre la idea de España y sobre lo que somos o queremos ser daría luz.

Nos debatimos entre la espera de qué sucederá -si es que Puigdemont viene al Senado a debatir y si el Parlamento catalán no decide la independencia contra la mayoría de los catalanes- y la esperanza de que tal vez suceda algo que ayude a cerrar un conflicto inútil y sin sentido.

 

Parece que, esta vez, el Gobierno de España tiene preparadas todas las medidas necesarias para aplicar el 155 de la Constitución, frente a la imprecisión y falta de visión con que se enfrentó no sólo al no-referéndum del 1 de octubre, sino a todo el conflicto, especialmente en Cataluña y fuera de España. No soy capaz de valorar si el 155 es la única solución posible para cerrar ahora el conflicto, pero va a suponer un desgaste brutal de todo el Estado, de la propia democracia y hasta de las personas que tengan que ir a Cataluña a restablecer el orden constitucional. Desde Rajoy hasta el PSOE y Ciudadanos -tal vez también en una parte creciente del aparato independentista y de la población catalana- defienden la alternativa de las elecciones autonómicas no constituyentes como un medio para recuperar "la normalidad democrática". Es complicado pensar que basta con eso si no hay una renuncia expresa a la vía de la sedición y al retorno a la legalidad constitucional.

 

Pero tan importante como que haya elecciones y que los catalanes expresen sin lugar a duda lo que quieren, es que el Estado está obligado a garantizar que esas elecciones sean realmente libres, sin pucherazos, sin manipulaciones por parte del Gobierno de la Generalitat y con la garantía de imparcialidad de los medios públicos y de las instituciones democráticas. Durante años, y todavía ahora en algunos lugares, no ha podido haber elecciones democráticas en bastantes pueblos del País Vasco porque el poder de los testaferros de ETA ejercía, ejerce una coacción imposible de superar. ETA no mata, pero controla demasiados espacios. Y sin libertad para ejercer el voto no puede haber democracia.

 

Es fundamental mantener la unidad del bloque constitucional y que el PSOE no se dé por satisfecho con la convocatoria de elecciones y que Podemos -que purga a los que piensan diferente de Pablo Iglesias- o movimientos como el que lidera Ada Colau decidan, sin esconderse, si están con la Constitución o con la sedición, con la democracia o con las asambleas leninistas. Esa es la espera. La esperanza radica en que un ramalazo de sentido común vuelva a la política y haga que los que piensan diferente, acaten el marco constitucional y dentro de él dialoguen para buscar acuerdos. Si no es así, aunque haya elecciones en Cataluña, simplemente habremos retrasado la explosión del problema. Pero no habremos solucionado nada y seguirá la desconfianza, la huida de empresas, la pérdida de oportunidades y la no solución de todos los problemas que de verdad tenemos.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
MadridPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress