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Jueves, 23 de febrero de 2017

Es la mentira

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Mariano Rajoy y Carles Puigdemont se reunieron el día 11 de enero en la Moncloa. El runrún ha corrido en los últimos días por los mentideros y ha sido reiteradamente desmentido hasta que lo ha desvelado La Vanguardia. El lunes, Pedro Piqueras le preguntó a Mariano Rajoy, en general, sobre hipotéticas conversaciones entre ambos gobiernos y el presidente negó. Aunque después, muy en su línea, afirmó que si esas conversaciones se hubiesen producido y eran discretas no sería él quien las desvelase en televisión.

El episodio evidencia algunas importantes rarezas. La primera, que una reunión entre el presidente del Gobierno español y el presidente de la Generalitat catalana alcance la categoría de noticia por su carácter excepcional. La segunda, que un encuentro entre dos mandatarios en el Palacio de la Moncloa se produzca sin que se anuncie previamente o trascienda posteriormente, sin que nadie dé una sola explicación. Y la tercera, la actitud de los entornos de los protagonistas empeñados en negar la evidencia cuando esta ya tomaba forma de noticia que sólo aguardaba una confirmación oficial. Una reacción que destila una actitud impropia de gobernantes serios, empeñados en tratar a sus conciudadanos como si fueran imbéciles que en contarles lo que merecen conocer.

 

Por si fuera poco, ilustres estrategas armados con argumentarios baratos nos explicarán a partir de hoy las diferencias semánticas entre lo secreto y lo discreto, entre una conversación y una negociación. Minimizarán el alcance del encuentro para concluir que reunión tan normal no merecía trascender. Y entonces entenderemos aún menos la situación, porque el enfrentamiento entre el gobierno catalán y central es tan grave que lo último que merece es un encuentro insustancial. Así que reúnanse y cuéntennos, que somos mayores , pagamos escrupulosamente -casi todos- nuestros impuestos. Y no nos merecemos que nos traten como si fuéramos bobos. Y recuerden lo que en su día dijo el respetado Tarradellas: en política se puede hacer de todo, menos el ridículo.

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