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Jueves, 2 de febrero de 2017

Os pido eso que ha pedido esa

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5.000 días después del accidente del Yak 42, que acabó con la vida de 62 militares españoles, Mariano Rajoy se ha reunido con los familiares de las víctimas y ha esbozado en el Congreso de los Diputados un sucedáneo de perdón. Es la guinda de un proceso en el que estas personas, después de años de sufrimiento y de desprecio por parte de quien tenía la responsabilidad de proteger la vida de sus deudos, han sido por fin resarcidos por el informe del Consejo de Estado, por la actual ministra de Defensa, que les pidió perdón en nombre del Estado, y por el propio Rajoy, que era vicepresidente del Gobierno cuando se produjo el accidente.

Lo que no podemos comprender es por qué a Rajoy le cuesta tanto pronunciar la palabra perdón. Por qué se ha acogido a tan enrevesada fórmula -"quiero reiterar y asumir como propias las palabras que hace escasas fechas pronunció en la cámara la ministra de Defensa, hago mías sus palabras porque creo que es de justicia"-, una treintena de palabras para eludir la que todos esperaban, sobre todo los familiares de las víctimas: perdón. Tan fácil, presidente, perdón... No tendría que ser necesario, pero alguien debería explicar a persona tan principal que la circunvalación abarata la disculpa y hace mella en la credibilidad de quien la pide.

 

No es nuevo, desde luego. En su caso es una vuelta de tuerca más en el estilo de la elusión. No diré Bárcenas, diré ese señor del que usted me habla. Como el aludido llamó a la Caja B del PP contabilidad extracontable. Muy al estilo pantojiano, el que exhibió Isabel esta misma semana en El Hormiguero al evitar pronunciar la palabra cárcel hablando de "ese lugar donde estaba, ese lugar de cuyo nombre no quiero acordarme", intentando blanquear con una manita de victimismo quijotesco el delito cometido y por el que fue condenada en sentencia firme. La diferencia es que la cantante, con cosas así, alimenta el espectáculo, que es de lo que vive. Lo que no acabamos de saber es qué es lo que pretende alimentar el presidente con cosas así.

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