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Jueves, 19 de enero de 2017

Perdón para la soldado Manning

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En sus últimas horas en la Casa Blanca, el aún presidente Barack Obama ha decidido indultar a la soldado Chelsea Manning, exanalista militar protagonista de la mayor filtración de documentos secretos de la historia de EEUU, un escándalo que Wikileaks contribuyó a difundir a escala planetaria.

Fueron 700.000 documentos entre los que impactó un vídeo en el que pilotos de un helicóptero Apache estadounidense mataron a nueve personas, entre ellas, un fotógrafo de la agencia Reuters y a su conductor iraquí. Si en aquel momento el soldado fue considerado héroe de la verdad por unos y mero traidor por otros, su indulto a la ahora señora Manning -ha decidido cambiar de sexo en su estancia en prisión- también suscita reacciones encontradas.

 

Puede discutirse si la condena de 35 años de cárcel, a mitad de camino entre los 60 que pidió la fiscalía militar y la libertad reclamada por su defensa, fue excesiva para el delito de divulgar unos documentos que habrían dejado de ser secretos en 25 años. También se podría valorar el arrepentimiento de la indultada o incluso comparar el daño hecho por la divulgación de aquellos documentos con el daño que denunciaba lo divulgado por el militar. Pero si aceptamos estos atenuantes, cabría preguntarse por qué Obama no ha concedido antes este indulto que el entonces soldado ya pidió en el momento de la condena, hace tres años, y si, en general, un perdón así no deja en evidencia a la justicia y minimiza la exigencia de quienes juraron custodiar los secretos de Estado y tienen el deber de hacerlo.

 

En todo caso, casi es preferible este indulto concedido por el saliente Barack Obama que la postura defendida por quien será jefe de la CIA con Donald Trump, Mike Pompeo, que en su día afirmó que Edward Snowden, exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), también responsable de filtrar documentos confidenciales del Gobierno estadounidense, debería ser condenado a muerte. Más lejos aún fue John Bolton, que figuró en las quinielas de Trump para la secretaría de Estado, que propuso como mejor salida que Snowden debería "ser colgado de un roble".

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