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Remitido

Por qué las tragaperras perdieron el brazo: la palanca, el botón y lo que queda de ellos

La tragaperras debe su apodo más famoso a una pieza que casi ha desaparecido: la palanca del bandido manco. Si ese brazo era su seña de identidad, ¿por qué se quitó? Porque limitaba la velocidad de cada partida. Y lo que ocupa hoy su sitio conserva otra cosa: la sensación de que quien juega interviene.

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Un brazo de metal fundido
 
El apodo inglés, one-armed bandit, alude a la gran palanca lateral y a cómo la máquina vaciaba los bolsillos, como un ladrón. El Museo Nacional de Historia Estadounidense, del Smithsonian, guarda varias máquinas de ese tipo, confiscadas por el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos. Una, de hacia 1910, lleva cerezas pintadas sobre metal fundido. Otra, de los años treinta, tiene el frente en forma de castillo y, según el museo, sería una versión renovada de un modelo de un fabricante de Chicago. Medían unos 70 cm de alto, y cada tirada exigía un tirón completo de la palanca.
 
El brazo frenaba el juego
 
El tirón sobraba. Según la antropóloga Natasha Dow Schüll, las palancas se abandonaron porque ralentizaban el ritmo: estas máquinas se diseñan para evitar cualquier interrupción, y hoy se juega con botones, como en una recreativa. Harrigan y Dixon midieron con un reloj cuatro juegos de Ontario (Canadá). En los de rodillos mecánicos se podía jugar más o menos cada 6 segundos, unas 600 tiradas por hora; en los de vídeo, cada 3. Volviendo a pulsar el botón, los rodillos se detenían antes y la tirada se acercaba a 1,5 segundos. El mando ya estaba en la pantalla.
 
En las tragaperras online con dinero real con licencia en España no queda carcasa ni brazo, solo un botón dibujado. Es el tipo de mando que, en Ontario, ya había reducido a la mitad la tirada de una máquina de vídeo. Y el botón hace algo más que acelerar: hace creer al jugador que interviene.
 
Botones que no deciden nada
 
Ladouceur y Sévigny, de la Universidad Laval, lo comprobaron con un botón de parada que detenía los rodillos al tocar la pantalla de una terminal de lotería de vídeo. De 48 jugadores ocasionales de unos 23 años, ninguno tenía creencias erróneas tras jugar sin él. Tras usarlo, el 87 % creía que parar los rodillos cambiaba los símbolos, y el 57 %, que controlaba el resultado. En otro experimento, con 38 jugadores, quienes tenían el botón jugaron casi el doble de partidas: 41 frente a 22. Eran jóvenes y jugaban en un laboratorio: no vale para todos los jugadores.
 
¿Y las palancas que aún conservan algunas máquinas? Se llaman palancas heredadas porque no tienen relación con su funcionamiento. Son esqueuomorfismo: diseño que imita un objeto antiguo aunque ya no cumpla su función. Meng y Leary lo probaron en juegos de azar digitales: una mano que "reparte" cartas o un caballo que "corre" en la pantalla son ejemplos de ese diseño. En un pretest y tres experimentos, esos diseños hicieron apostar más dinero que uno plano y minimalista, y más aún si se aumentaba además la sensación de control.
 
La palanca nunca decidió qué salía, y el botón que la sustituyó tampoco. La carcasa, el botón y la pantalla han modificado el ritmo de uso y la sensación de intervención. En Ontario, según un estudio de 2017, las máquinas con botón de parada llevan un cartel que avisa de que solo cambia la velocidad del juego, no lo que sale.
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