Elecciones ¡por fin!
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha decidido a adelantar las elecciones generales. ¡Por fin! Serán el 29 de noviembre. No ha podido cumplir su deseo de completar la Legislatura porque ha visto que no tiene el respaldo del Parlamento, algo vital en una democracia.
Sánchez no ha tenido más remedio que arrojar la toalla y convocar a los españoles a las urnas. Seguramente es la decisión más anhelada por la mayoría. El Gobierno está en un callejón sin salida, acuciado por la crisis de Ceuta --responsable en buena medida de la invasión marroquí por consentirla-- inmerso en quince grandes casos de corrupción que le afectan de lleno, sin Presupuestos Generales durante cuatro años y sin mayoría en el Parlamento, como se comprobó hace unos días cuando fracasó con sus dos decretos sobre vivienda.
Este asunto, la vivienda, es el que ha podido darle la excusa para adelantar las elecciones. Las calles se han vuelto a llenar de manifestaciones y de acampanadas reclamando viviendas asequibles, y la izquierda ha visto el clavo ardiendo al que agarrarse para enarbolar la bandera de las clases menos favorecidas. Sin embargo, ni la mayor de las protestas podrá hacer olvidar a la gente que el Gobierno progresista PSOE-Sumar lleva ocho años sin haber propuesto una solución al que es ahora primer problema de los españoles. Más bien lo ha agravado con sus nefastas políticas intervencionistas y reguladoras. Además, Sánchez no ha construido ni un solo piso pese a sus reiteradas promesas de miles y miles de viviendas.
Si el inquilino de La Moncloa ha decidido convocar las elecciones el 29 de noviembre es porque cree que le conviene a él, no al conjunto de la ciudadanía. Lo habrá sopesado minuciosamente y pensará que quizá pueda repetirse el milagro de una mayoría de izquierdas, aunque las encuestas atisban una mayoría absoluta de PP y Vox. Por cierto, Feijóo y Abascal deberían repasar lo que pasó en julio de 2023 para no repetir los errores que cometieron y que condujeron a un Gobierno de izquierdas sin haber ganado las elecciones.
De momento, en la declaración institucional de este lunes Sánchez se ha mostrado como es: un presidente sectario que ha azuzado el enfrentamiento entre españoles al empujarles a elegir entre "la ola ultraderechista involucionista" o una mayoría progresista con "justicia social" y con la que "doblegar a las élites". Ese será su único mensaje durante la larga campaña electoral que empieza hoy mismo. "O yo, o la ultraderecha". Puede que no cuele porque en estos años se ha visto que el caos es él y sus socios anti-España.
Sánchez no ha tenido más remedio que arrojar la toalla y convocar a los españoles a las urnas. Seguramente es la decisión más anhelada por la mayoría. El Gobierno está en un callejón sin salida, acuciado por la crisis de Ceuta --responsable en buena medida de la invasión marroquí por consentirla-- inmerso en quince grandes casos de corrupción que le afectan de lleno, sin Presupuestos Generales durante cuatro años y sin mayoría en el Parlamento, como se comprobó hace unos días cuando fracasó con sus dos decretos sobre vivienda.
Este asunto, la vivienda, es el que ha podido darle la excusa para adelantar las elecciones. Las calles se han vuelto a llenar de manifestaciones y de acampanadas reclamando viviendas asequibles, y la izquierda ha visto el clavo ardiendo al que agarrarse para enarbolar la bandera de las clases menos favorecidas. Sin embargo, ni la mayor de las protestas podrá hacer olvidar a la gente que el Gobierno progresista PSOE-Sumar lleva ocho años sin haber propuesto una solución al que es ahora primer problema de los españoles. Más bien lo ha agravado con sus nefastas políticas intervencionistas y reguladoras. Además, Sánchez no ha construido ni un solo piso pese a sus reiteradas promesas de miles y miles de viviendas.
Si el inquilino de La Moncloa ha decidido convocar las elecciones el 29 de noviembre es porque cree que le conviene a él, no al conjunto de la ciudadanía. Lo habrá sopesado minuciosamente y pensará que quizá pueda repetirse el milagro de una mayoría de izquierdas, aunque las encuestas atisban una mayoría absoluta de PP y Vox. Por cierto, Feijóo y Abascal deberían repasar lo que pasó en julio de 2023 para no repetir los errores que cometieron y que condujeron a un Gobierno de izquierdas sin haber ganado las elecciones.
De momento, en la declaración institucional de este lunes Sánchez se ha mostrado como es: un presidente sectario que ha azuzado el enfrentamiento entre españoles al empujarles a elegir entre "la ola ultraderechista involucionista" o una mayoría progresista con "justicia social" y con la que "doblegar a las élites". Ese será su único mensaje durante la larga campaña electoral que empieza hoy mismo. "O yo, o la ultraderecha". Puede que no cuele porque en estos años se ha visto que el caos es él y sus socios anti-España.

























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