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Domingo, 04 de Octubre de 2026
La Comunidad inicia la protección del templo

San Nicasio, la ermita que alberga a los héroes de Leganés contra Napoleón

Bajo el suelo de la sacristía de la ermita de San Nicasio de Leganés están inhumados los cuerpos de Julián y Leandro Rejón, dos agricultores considerados héroes locales por su participación en los acontecimientos del 2 de mayo de 1808 y convertidos en símbolos de la rebelión de los vecinos frente a las tropas invasoras de Napoleón.

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Es uno de los episodios históricos que atesora este templo del siglo XVIII, tradicionalmente atribuido al arquitecto Ventura Rodríguez, para el que la Comunidad de Madrid ha iniciado el expediente de declaración como Bien de Interés Patrimonial (BIP), en la categoría de Monumento.
 
La resolución, publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), destaca el interés histórico, arquitectónico, artístico, urbano e identitario de un edificio que ha sobrevivido a problemas de humedad, conflictos bélicos, saqueos y periodos de abandono.
 
Aunque la actual ermita fue levantada en el siglo XVIII, la devoción de los vecinos de Leganés por san Nicasio se remonta al menos al siglo XVI y está relacionada con una epidemia que diezmó a la población.
 
Según recoge el expediente, los habitantes solicitaron al arzobispo de Toledo, Francisco Ximénez de Cisneros, que intercediera ante el papa Alejandro VI para conseguir un patrón al que encomendarse frente a la enfermedad.
 
A comienzos del siglo XVI se recibió la bula papal y se puso en marcha la construcción de una primera ermita. Sin embargo, los vecinos no consiguieron terminarla durante cerca de cien años.
 
Esa primera ermita fue así el lugar de culto a san Nicasio hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando fue sustituida por la construcción que ha llegado hasta nuestros días.
 
LA HUELLA DE VENTURA RODRÍGUEZ
 
La ermita actual se atribuye tradicionalmente a Ventura Rodríguez, una de las principales figuras de la arquitectura española del siglo XVIII y autor de proyectos como las fuentes de Cibeles, Neptuno y Apolo, la iglesia de San Marcos de Madrid o el palacio del infante don Luis en Boadilla del Monte.
 
El expediente no presenta la autoría del inmueble como plenamente documentada, pero considera "muy plausible" que Ventura Rodríguez diseñara tanto la ermita como su desaparecido retablo mayor.
 
De hecho, una descripción redactada antes de 1786 a partir de la información facilitada por el párroco de Leganés ya atribuía la construcción al arquitecto. Pascual Madoz también señaló en su diccionario geográfico de 1850 que se trataba de una "bonita y sólida capilla" cuya obra había dirigido Ventura Rodríguez.
 
Sí se conserva documentación directa sobre el retablo mayor. Un contrato de octubre de 1764 encargó a Diego Camarón y Compañía su ejecución siguiendo un proyecto del arquitecto por un precio de 7.300 reales.
 
El protocolo establecía que la madera debía estar seca y ser examinada por Ventura Rodríguez. También exigía que la escultura fuera realizada por Juan Pascual de Mena o por otro artista aprobado por el propio arquitecto y que todas las partes del retablo respetaran fielmente su dibujo.
 
El retablo se perdió, probablemente como consecuencia de la humedad y del paso del tiempo, aunque se conserva un grabado que muestra su aspecto. Su inscripción indicaba que se concedían 240 días de indulgencia a quienes rezaran un padrenuestro y oraran por la salud del monarca y de la familia real, la exaltación de la fe y la extirpación de las herejías.
 
La semejanza de la ermita con la iglesia madrileña de San Marcos, proyectada por Ventura Rodríguez en 1749, y la calidad de su arquitectura refuerzan igualmente la atribución.
 
El edificio estaba levantado antes de junio de 1775. Fue construido sobre terrenos palustres, una circunstancia que ha provocado problemas de humedad durante buena parte de su historia y que todavía se manifiesta en algunos puntos del inmueble.
 
SAQUEADA DURANTE LA GUERRA CIVIL
 
La ermita se ha visto afectada a lo largo de su historia por la humedad, los conflictos bélicos, el deterioro y el abandono. Durante la Guerra Civil fue saqueada y posteriormente quedó sin uso.
 
La imagen original de san Nicasio, obra de Juan Pascual de Mena, se había perdido previamente, probablemente por los efectos de la humedad y del tiempo. La talla que la Hermandad colocó en su lugar a comienzos del siglo XX fue destruida al iniciarse la Guerra Civil.
 
En cambio, un antiguo estandarte dedicado al santo pudo conservarse gracias a que los vecinos lo escondieron durante la contienda para evitar su desaparición.
 
El templo fue restaurado en la década de 1960 por iniciativa de Gumersindo Repullo Écija, entonces presidente de la Hermandad de San Nicasio, quien promovió y costeó los trabajos. Tras la intervención volvió a abrirse al culto y desde 1968 funciona como iglesia parroquial.
 
La imagen actual del patrón fue realizada en 1949 por el escultor madrileño Tomás Parés Pérez. A sus pies se exhibe una arqueta con una reliquia atribuida al santo: un fragmento de siete centímetros del extremo superior de un fémur que llegó a Leganés en 2019.
 
El interior alberga además cuatro pinturas murales de Manuel Alcorlo dedicadas a la vida y los milagros de san Nicasio. El artista incorporó referencias a Leganés, entre ellas representaciones de la propia ermita y de la antigua iglesia de Polvoranca.
 
UN EJEMPLO DEL NEOCLASICISMO MADRILEÑO
 
El edificio presenta una planta de cruz griega organizada en torno a un espacio central cubierto por una cúpula semiesférica con linterna. Su arquitectura se completa con fachadas simétricas, pórticos rematados por frontones triangulares y elementos de orden corintio.
 
El expediente considera que constituye una manifestación destacada del neoclasicismo madrileño del siglo XVIII y que responde a una tipología de templo apreciada en la arquitectura española de la época, inspirada en modelos del clasicismo romano.
 
La propuesta de protección incluye tanto el edificio como su entorno inmediato, con la plaza de San Nicasio y parte de las avenidas Doctor Mendiguchía Carriche y Río Manzanares y de la calle Asturias, además de varias parcelas próximas.
 
La ermita presenta actualmente un estado general de conservación correcto y mantiene el uso religioso para el que fue concebida. No obstante, todavía se aprecian humedades por capilaridad en las bases de algunas pilastras y en los revestimientos exteriores.
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