Martes, 22 de Septiembre de 2026

Actualizada Martes, 22 de Septiembre de 2026 a las 10:46:52 horas

LAUREANO BENÍTEZ
Martes, 22 de Septiembre de 2026

España: el país que se quiso matar

En 1929 el genial escritor gallego Wenceslao Fernández Flórez escribió su obra «El hombre que se quiso matar» , que se llevó al cine en 2 ocasiones, ambas dirigidas por Rafael Gil: en 1942, con Antonio Casal; y en 1970, con Tony Leblanc.

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En ella se cuenta la historia de Federico, un hombre apocado y bastante gris, quien, tras perder su trabajo y a su novia, decide suicidarse. Sin embargo, todos sus intentos —empezando por tirarse desde el mismísimo acueducto de Segovia— -resultan fallidos, por lo cual, aconsejado por un caradura de nombre Argüelles, decide hacer pública su situación, cosechando gran audiencia con sus críticas explosivas a la vida anodina de sus conciudadanos.
 
Después de ejercer como profesor de historia durante muchos años, he llegado a la conclusión de que la historia de España se puede resumir con el argumento de la novela y película de Fernández Flórez, adaptando ligeramente su título, que diría algo así como «El país que se quiso matar».
 
Desde luego, no es una conclusión revolucionaria, pues a todos los españoles nos resulta conocido el cainismo que nos caracteriza como país, pero ya he dicho en alguna ocasión que no somos dos países, que no existen dos Españas, sino una sola de personalidad bipolar, que tiene alma de samurai con tentaciones de «harakiri» cada vez que le ponen una espada —la de Damocles, por supuesto— en la mano, con pulsiones autodestructivas cada vez que pasa por algún viaducto o por un Despeñaperros cualquiera, con una maligna atracción por la ruleta rusa cada vez que interroga a las hamletianas calaveras del «seronoser».
 
No me digan que no es una muestra de bipolaridad que un país valeroso y gallardo, conquistador de medio mundo, esforzado hasta la temeridad, que ha causado admiración por sus hazañas bélicas, evangelizadoras y aventureras, haya estado siempre mirando de reojo los cuchillos, y asomándose deprimido al diabólico vértigo de inhóspitas barrancas. Ya don Rodrigo sufrió el temible poltergeist que le llevó a suicidar a España, entregándose a batallas internas que ayudaron a la morisma a cruzar el Estrecho.
 
Más tarde llegaron las medievales peleas pandilleras entre los distintos reinos cristianos, que no dudaban en aliarse con la morisma con tal de fastidiar al vecino. Si entonces no nos suicidamos, fue porque la morisma se nos adelantó con sus Taifas.
 
Así, hasta llegar al guerracivilismo de carlismos y liberales, y de rojos con nacionales, con el que tampoco conseguimos nuestro objetivo de asesinarnos de una vez. Por el camino, sin embargo, fuimos capaces de crear la epopeya numantina y las gestas antinapoleónicas para defender nuestra Patria.
 
En los tiempos actuales, aplastada nuestra Patria por espectaculares meteoritos de corrupción y rojerío satánico, estamos oyendo de nuevo voces esquizofrénicas que nos dicen que nos ahorquemos en los mohosos sótanos de cualquier patio okupa, que nos quememos tibetanamente a lo bonzo en mitad de un espectáculo infantil de títeres, que asaltemos los cielos de las huríes —despedazados por autoinmolaciones cuasi yihadistas—, o que incursionemos al inframundo desde un Zugarramurdi en plenitud.
 
En fin, que cada cual se suicida como puede. Y, si nos falta valor para arrojarnos desde los viaductos, siempre nos será más fácil congregarnos con la manada y, bien juntitos, suicidarnos democráticamente eligiendo a nuestro tirano dictácrata para que nos lleve al otro lado del río Aqueronte. 
 
¿Por qué hay todavía mucha gente que sigue votando el akelarre “progre” de sociatas, comunatas, indepes y filoetarras, sabiendo de sobra que el objetivo de este parnaso antiespañol es destrozar las tradiciones, costumbres y valores que componen nuestro patrimonio identitario, fragmentar nuestra nación, llevarla a la bancarrota, y ponerla a los pies de la estampida de búfalos globalistas?
 
¿Por qué hay tantos españoles que se arrojan ciegamente a las barrancas del mismísimo infierno? Haga lo que haga Sánchez, nunca baja su intención de voto del 25% (poco más de 100 escaños) ¿No es esto una manera que tiene un país de suicidarse?
 
Pero podemos estar tranquilos, ya que hoy disponemos de medios mucho más modernos para nuestro suicidio, aunque sutilmente camuflados por unos medios de comunicación que han lobotomizado apoteósicamente a la generación de la LOGSE. Los hay para todos los gustos, e incluso podemos elegir una combinación de ellos, siempre dirigidos por los expertos patricidas rojos e indepes que nos llevarán a nuestro Armagedón, largamente soñado.
 
¿No les vamos votamos acaso justamente para eso, para que de una vez por todas nos descabellen, nos apliquen la misericordiosa eutanasia que venimos buscando desde los tiempos del australopitecus?
 
Por ejemplo, pueden desguazar España en plurinacionalidades de Taifas, como si se tratara de un mecano; también pueden quitar aduanas y fronteras para permitir una descontrolada invasión de inmigrantes que destruya multiculturalmente nuestra identidad; multiplicar la deuda pública hasta el infinito; montar cósmicos pucherazos electorales para que Sánchez y su jauría jamás abandonen el poder; atacar de manera sistemática nuestras tradiciones, aquellas que nos dieron nuestra identidad como pueblo…
 
Guiados por estos suicidadores becados en las cloacas de Monte Pelado  ¿conseguiremos, por fin, un suicidio patriótico? El inepto Federico de la novela de Fernández Flórez no consiguió su objetivo, pero para España eso no es problema, pues estamos contratando, voto a voto, a un verdugo competente. 
 
Ya lo dijo Gandhi: «El cobarde muere muchas veces antes de morir».
 
 
 
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