Domingo, 30 de Agosto de 2026

Actualizada Domingo, 30 de Agosto de 2026 a las 10:38:07 horas

LAUREANO BENÍTEZ
Domingo, 30 de Agosto de 2026

Carta de Lobo Sentado al presidente de los HDGP

Corría el año de 1854 cuando el decimocuarto presidente de los Estados Unidos ―Franklin Pierce, de tendencia esclavista y expansionista―, envió una carta a Noah Seathl, jefe de la tribu suwamisu, con la intención de hacerle una oferta para comprarle los territorios del noroeste que hoy forman el estado de Washington, dejando a su tribu en una reserva. La respuesta del jefe indio no se hizo esperar: ese mismo año dio un discurso dirigido al gobernador territorial Isaac I. Stevens, conocido hoy como la Respuesta del jefe Seattle.


[Img #171383]La respuesta de este jefe indio se convirtió desde la década de los 70 del siglo pasado en un manifiesto de la Ecología, pero ahora, en estos tiempos de apocalipsis, se puede adaptar este manifiesto para que sea un llamamiento a la lucha por la libertad, que los malnacidos HDGP pretenden arrebatarnos con su parafernalia totalitaria.
 
Y el manifiesto quedaría más o menos así:
 
«El gran jefe de los HDGP quiere mercadear con la libertad, con palabras como «seguridad», «bien público», «emergencia», «alerta», «bien común»… asegurando que nos quiere arrancar nuestros derechos para asegurarnos la felicidad.  Esto es muy amable de su parte, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra felicidad como seres humanos. Pero los lobos sentados rechazamos canjear nuestras libertades naturales, aunque los HDGP vengan con sus rifles y tomen nuestras propiedades.
 
El gran jefe de HDGP  puede contar con la palabra del gran «Lobo Sentado», de que jamás le entregaremos nuestra dignidad de seres humanos, como pueden contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan.
 
¿Cómo se puede robar la libertad, apropiarse de los derechos naturales de los seres humanos? ¿Cómo se puede prohibir que respiremos el aire puro de los campos, que salgamos a los espacios infinitos para sentir la tierra bajo nuestros pies? Esta idea es extraña para el pueblo de los lobos sentados. Si los HDGHP no son dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua, ¿cómo nos lo pueden dar a cambio de convertirnos en una tribu estabulada, como si fuéramos ganado? 
 
Nosotros decidiremos nuestro destino. Cada parte de esta tierra, cada átomo de vida es sagrado para mi gente; cada brillante espina de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente; cada derecho, cada libertad, cada pensamiento, cada emoción, cada lágrima, cada beso, cada risa, cada latido del corazón, cada respiración… Todo eso es nuestro, nos pertenece desde nuestro nacimiento, y ningún HDGP nos lo podrá robar jamás, nunca, nunca…
 
Nosotros sabemos que los HDGP  no entienden nuestras costumbres, nuestra vida de lobos sentados, porque para ustedes un ser humano es lo  mismo que otro, esclavos sin dignidad, animales domesticados, porque sois depredadores que robáis haciendas, tierras, vidas, mentes, almas.
 
Para los HDGP los lobos sentados somos sus enemigos, porque  nuestras libertades son innegociables, y pretenden devorarnos para convertir la humanidad en un desierto. La vista de sus crímenes  duele a los ojos del lobo sentado, porque dicen que somos salvajes y que no entendemos nada, que aborrecemos el progreso y la ciencia. 
 
No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades de los HDGP: ningún lugar para respirar a pleno pulmón, para apretar las espigas, escuchar las hojas en la primavera o el zumbido de las alas de los insectos; para ir a donde uno quiera, cuando el lobo sentado lo desee; para que el lobo sentado aúlle a la Luna de la libertad cuando le plazca, sin pedir permiso a ningún HDGP.  
 
Pero tal vez es porque yo soy un lobo sentado y no entiendo, y las órdenes totalitarias de los HDGP me insultan los oídos. Yo me pregunto: ¿qué queda de la vida si el hombre no puede pensar críticamente, viajar a caballo, proteger a su familia, contemplar cielos azules en toda su pureza, cazar búfalos para su sustento,  para sentarse luego en majestad a observar el curso de los astros? 
 
Los lobos sentados no soportamos el horror despótico de los HDGP, ya que preferimos saciarnos con las aguas que fluyen del manantial de la libertad, respirar el aire lavado por la lluvia del mediodía o impregnado por la fragancia de los pinos.
 
Yo soy «Lobo Sentado», quizá por eso no entiendo y no acepto ningún camino que no sea el de la libertad. Vosotros, los HDGP, habéis dejado un rastro de árboles calcinados, de paisajes embarrados, de cielos arrasados por vuestros humos tóxicos, de siniestras torres donde no pueden anidar los pájaros, de fetos descuartizados, de ancianos eutanasiados como si fueran búfalos abatidos.
 
¿Qué será del hombre sin la libertad? ¿Qué será de la gente sin derechos, sin dignidad? Si las libertades desaparecieran, el hombre moriría de una gran soledad espiritual, porque los seres humanos somos hijos de Dios, de la Luz, y hemos sido creados para la felicidad, para la libertad.
 
Todo lo que hiere a la libertad, herirá también el alma de los seres humanos. Nuestros guerreros han desertado, abducidos por los HDGP, y después de la derrota convierten sus días en tristezas y lamentos.
 
Importa muy poco el lugar donde pasemos el resto de nuestros días, siempre que seamos libres. No quedan muchos. Pero unas pocas horas más, unos pocos inviernos más, y no quedará ninguno de los HDGP que existieron sobre esta tierra para torturar a los seres humanos, y los lobos sentados aullaremos ante las tumbas de una gente que un día fue poderosa y tan llena de crueldad.
 
Los HDGP también pasaréis, tal vez más rápidos que otras especies animales, porque vuestra inaudita maldad terminará por sepultaros, y lo que quede de vosotros será presa de los lobos sentados. 
 
El hombre no os pertenece, porque pertenecemos a Dios. Los sueños homicidas de los HDGP no están ocultos para los lobos sentados, y por eso afirmamos que no aceptaremos vivir en ninguna reserva, ni en ningún establo ni corral que se pueda recorrer en quince minutos, ni en ninguna ciudad que sea una cárcel, porque nuestro horizonte siempre será marchar en manada por praderas y estepas; tampoco aceptaremos que se nos prohíba comer carne de búfalo, ni que se nos quiera dar medicinas venenosas, ni que se nos quiera marcar con sellos extraños para poder vivir, como si fuéramos esclavos.
 
Cuando el último ser humano haya desaparecido de la tierra y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas montañas y estas praderas aún contendrán aullidos de los lobos sentados,  porque ellos aman la libertad como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre, y jamás se la venderemos, jamás renunciaremos a ella.
 
Escuchad, los que aún tenéis cerebro para pensar: amad la libertad, ámenla como la amamos nosotros, los lobos sentados. Y, si caemos en el combate contra los grandísimos HDGP de los Montes Pelados, defiéndanla como nosotros la hemos defendido. Retengan en sus mentes la memoria de la libertad tal y como se la entregamos. Y con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, consérvenla para sus hijos, ámenla así como Dios nos ama a todos.
 
¿Dónde estará el hombre?: desaparecido. ¿Dónde estará la libertad?: desaparecida. Es decir, adiós a lo que es humano, a lo que es digno, a lo que es libre: será el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia.
 
 
 

Canal de Telegram del autor: https://t.me/laureanobeni

Sitio web: https://losultimostiempos.es/

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