El trabajo, elaborado por José Ignacio Conde-Ruiz y Marialejandra Garay Aguirre, de FEDEA y la Universidad Complutense de Madrid, analiza la evolución de la pobreza en España entre 2008 y 2025 a partir de los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), con el objetivo de determinar si la mayor pobreza de los hogares con hijos refleja el coste económico de la crianza o responde principalmente a las características socioeconómicas de las familias.
Según los datos recogidos en el informe, la tasa AROPE infantil (que mide el riesgo de pobreza monetaria, la carencia material y social severa o la baja intensidad laboral en el hogar) alcanzó en España el 33,8% en 2025. En la comparación europea, España registró en 2024 la tasa AROPE infantil más alta de los 27 países de la Unión Europea, con un 29,2%, frente al 19,3% de la media comunitaria.
El estudio destaca que la vulnerabilidad se concentra especialmente en los hogares monoparentales, que presentan una tasa AROPE del 50,3%, una tasa de pobreza monetaria del 41,2% y niveles de carencia material y social severa próximos al 19,4%. Este último indicador supera el 18% en todas las etapas del ciclo vital y llega al 26,2% cuando la persona de referencia del hogar tiene menos de 30 años.
El análisis econométrico realizado por los autores muestra que, al comparar hogares similares en renta, empleo y características sociodemográficas, la presencia de menores se asocia, en promedio, con una probabilidad de sufrir carencia material y social severa 1,15 puntos porcentuales mayor.
No obstante, esta cifra media oculta "una fuerte desigualdad generacional", según FEDEA. En los hogares cuya persona de referencia tiene menos de 30 años, la presencia de hijos menores se asocia con un aumento de 7,26 puntos porcentuales en dicha probabilidad, frente a 0,71 puntos entre los hogares de 30 a 44 años y 1,16 puntos entre los de 45 años o más.
Un ejercicio adicional de descomposición estadística, incluido en el estudio, muestra que los hogares con menores presentan una brecha bruta de carencia material y social severa de 2,59 puntos porcentuales respecto a los hogares sin menores. Según los autores, el 42,6% de esa diferencia se explica por características observables como la renta, el empleo, la educación o la edad, mientras que el 57,4% restante permanece sin explicar, un componente que, señalan, "resulta compatible con la existencia de costes, necesidades y restricciones específicas de la crianza que no quedan plenamente recogidos en los datos".
"La elevada pobreza infantil observada en España no puede explicarse únicamente por el hecho de tener hijos", han concluido los autores, al tiempo que han apuntado que la crianza genera una vulnerabilidad "especialmente intensa" cuando coincide con una baja acumulación de ahorro, trayectorias laborales poco consolidadas o la ausencia de un segundo adulto en el hogar.
El informe plantea además que las políticas universales de apoyo a la infancia, "aunque necesarias", deben complementarse con instrumentos específicamente dirigidos a los hogares jóvenes y monoparentales, que combinen protección de ingresos, apoyo a la conciliación y medidas orientadas a reducir la transmisión intergeneracional de la desigualdad.
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