De Sánchez se ha dicho de todo y no sin razón. Ahora, tras una avalancha de 70.000 marroquíes sobre Ceuta se acercó a la ciudad, anunció la colocación de una boya, proclamó que la crisis se había solucionado y se fue a La Mareta. Allí le dan protección más policías que los que cuidan las fronteras de Ceuta y de Melilla. Y allí se dedica a crear ridículos vídeos de consejos de lectura como si hubiese leído algún libro en su vida. En esa lujosa residencia del Estado se dedica también a hacer submarinismo y subir las imágenes a las redes sociales, cual turista en Cabo de Palos. ¡Patético!
Sus ministros no le van a la zaga. El todopoderoso triministro Bolaños se fotografía bucólicamente al borde de una playa para "recargar pilas", cuando lo que tenía que estar haciendo es dejar de perseguir a los jueces que investigan los delitos de la familia y del partido del 'one'. Y el ministro más reprobado de la historia democrática de España, Marlaska, planta al Senado y se niega a dar explicaciones de la invasión. Es un insulto al Senado y a los propios españoles, a los que desprecia, algo que no se atrevería a hacer con el sátrapa rey de Marruecos, ese que le tiene tomada la matrícula vía Pegasus.
Mientras todos los medios llenan horas y páginas con el eclipse solar, señalando a los españoles dónde mirar para no ver la corrupción, la dejación y la traición del Gobierno socialista, Feijóo y Abascal demuestran las ganas que tienen de alcanzar el poder. No son muchas, la verdad. No renuncian a las vacaciones pese a que España atraviesa una de las mayores crisis con una invasión anunciada. En vez de trabajar para exigir a Sánchez que no se repita, optan por la mariscada y los cubatas a la orilla del mar.
El Gobierno, lejos de reaccionar, no ha reforzado las fronteras pese al aviso de una posible segunda invasión. Da la sensación de que Sánchez está dispuesto a entregar esas dos históricas ciudades españolas, siguiendo su plan de dividir y liquidar la nación. Y, mientras, los jefes de la oposición, ausentes y de vacaciones. No basta con lanzar un tuit y echarse a sestear. Luego nos pedirán el voto. Con su desidia y desinterés están demostrando todos ellos que no son dignos de representar a España, a la par que vagos.
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