Domingo, 09 de Agosto de 2026

Actualizada Domingo, 09 de Agosto de 2026 a las 09:30:17 horas

MADRIDPRESS
Domingo, 09 de Agosto de 2026

Sánchez no puede hacer lo que quiera

La deriva de la acción de gobierno de Pedro Sánchez es clamorosa e inquietante. La corrupción rodea a su familia y al Ejecutivo sin que mueva una ceja; retiene los medios de ayuda a la población en una urgencia como la de la dana de Valencia; no deja a nadie atrás en caso de catástrofe natural, los deja hundidos; se desentiende del gran apagón o de la muerte de 45 personas en Adamuz; y permite por acción u omisión una invasión de España, como la sufrida por Ceuta, ocupada por decenas de miles de marroquíes porque el sátrapa Mohamed VI sabe que tiene en su mano al inquilino de la Moncloa, un sujeto que debería ser juzgado por alta traición a su país.


España atraviesa una situación muy grave por culpa de un gobernante que, aun perdiendo las elecciones, ocupa el poder y actúa como un tirano. A su partido, el PSOE, le tiene sojuzgado después de alcanzar su jefatura de forma fraudulenta, algo inherente al personaje. Nadie se atreve a levantar la voz. ¿Tan cobardes son sus ministros y compañeros socialistas que no osan contradecirle? ¿Tanto necesitan el cargo que se mantienen en él pese a ser cómplices de las actuaciones del jefe? Su Gobierno se reduce a un mero coro de aplaudidores, al Parlamento lo ha sometido con pactos con la extrema izquierda, con herederos de la banda terrorista ETA y con los separatistas catalanes, y a gran parte de la TV y la prensa los ha comprado. Tras Pedro Sánchez sólo queda tierra quemada.
 
Conocida su gran capacidad de resistencia, no puede extrañar que ya esté preparando el terreno para mantenerse en el poder al precio que sea. Llegado el año 2027 de las muy esperadas elecciones generales es muy capaz de buscar una excusa para no convocarlas. ¿Qué le impediría pactar con Marruecos una nueva invasión masiva? De momento se resiste a reforzar las fronteras como le exigen de forma unánime los países de la UE, perplejos ante la pasividad del Gobierno Sánchez, que para mayor vergüenza ha agradecido a las autoridades marroquíes su colaboración en la crisis en vez de señalarles como inductores de la invasión y, por tanto, como enemigos de España.
 
Llegados a este punto, cabría preguntarse qué podemos hacer los ciudadanos para revertir la situación y echar democráticamente a Sánchez. Lejos del derrotismo que pudiera invadir a algunos, lo cierto es que los españoles tenemos en nuestras manos importantes recursos como para actuar legal y legítimamente contra un Gobierno que no responde a sus obligaciones, la primera de ellas la ya mentada defensa de la integridad territorial de la nación.
 
Examinemos a continuación algunas de esas posibles respuestas al sanchismo:
 
1º Aunque parezca algo obvio, lo primero que se puede hacer es no votar al PSOE en las próximas elecciones generales, que tendrá que convocar aunque le duela. En las últimas, los socialistas obtuvieron 7 millones de votos. A día de hoy, y conociendo lo que ha hecho, parece increíble que el PSOE pudiera obtener ese abultado resultado. Pero no es improbable a tenor de los recursos que maneja el tirano: medios comprados para difundir sus mentiras y propaganda, el CIS para orientar el voto, Correos para depurarlo e Indra para fijarlo.
 
2º Las grandes manifestaciones de repulsa al estilo de la de la plaza de Colón están bien, pero al inquilino de la Moncloa no parece afectarle ni lo más mínimo. Aun así no hay que postergarlas, al igual que los abucheos que se le dirigen cuando se atreve a pisar la calle.
 
3º La desobediencia civil pacífica puede ser un gran recurso. Si el Gobierno no cumple sus obligaciones, por qué tenemos que cumplirlas los ciudadanos. Si Sánchez lleva cuatro años sin presentar los Presupuestos Generales del Estado, ¿qué nos obliga por ejemplo a presentar la declaración del IRPF? Hacienda nos multaría, pero ¿no merece la pena pagar dicha multa si es a cambio de demostrar al Gobierno el verdadero poder del pueblo?
 
4º Una semana, o más, sin ver TVE. Desconectar de la basura propagandística de Telepedro. ¿A quién engañarían sus telediarios y sus programas soflameros si no tienen audiencia? Es, además, una medida que redundaría en beneficio de la salud mental de los españoles.
 
5º Los medios libres que quedamos, modestos pero sin ataduras, debemos seguir investigando y denunciando la corrupción sistémica del partido en el gobierno, una auténtica organización criminal, como sostienen los jueces que investigan las numerosas causas abiertas.
 
6º Presionar a los partidos de la oposición para que planten cara de verdad y sin complejos al Gobierno sanchista. PP y Vox están llamados a gobernar y no basta con que hagan una reacción tibia ante los continuos atropellos. Tienen que denunciarlos severamente y, al mismo tiempo, ilusionar al electorado con propuestas serias, rigurosas y orientadas al bien común.
 
7º Igualmente, habría que presionar al Rey Felipe para que entienda y cumpla su papel, que es ser árbitro y moderador de la actividad política, no un jarrón chino sin voz. El Monarca es el símbolo de la unidad y permanencia de España. Es decir, la Constitución le faculta para sacar tarjeta roja a un gobernante si pone en peligro la unidad y la integridad de España.
 
Estas son sólo algunas propuestas para hacer frente a un Gobierno a la deriva por sus propios deméritos. Aunque pudiera parecer que Pedro Sánchez puede hacer cualquier cosa aunque perjudique claramente a los españoles, lo cierto es que su poder está acotado por las leyes. Sánchez está tensando la cuerda en demasía: corrupción, incumplimiento de sus obligaciones, peligrosas alianzas internacionales, juguete en manos de un sátrapa extranjero, y con ello pone en peligro a la nación. Los españoles han de ser conscientes de ello y tienen el deber moral de impedir al aprendiz de tirano malvender España.
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