Ensayo de invasión
Marruecos ha puesto en marcha un ensayo de invasión de Ceuta auspiciando la entrada de unas 60.000 personas en unas horas. Ante ello, el Gobierno de Sánchez no ha sido capaz de dar una enérgica respuesta. Es la consecuencia de su debilidad y de la polémica regularización masiva de inmigrantes.
El asalto masivo a una ciudad española del norte de África no es una crisis migratoria, sino una grave crisis de soberanía propiciada por un Gobierno corrupto que tiene las manos atadas por su falta de mayoría parlamentaria, pero que se niega a dar la voz a los españoles en las urnas. El rey Mohamed VI lo sabe perfectamente y ha vuelto a tirar de chantaje alentando la invasión de Ceuta. Aprovecha la "agonía de un caudillo crepuscular" --como bien ha definido la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo-- para poner a prueba la capacidad de resistencia de España. Sánchez ya le regaló el Sáhara con un cambio de postura radical sin previa consulta al Parlamento y ahora apenas es capaz de defender la soberanía española de Ceuta, algo muy propio de un presidente de Gobierno que juega con la integridad territorial de España.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, solicitó la declaración de "emergencia nacional" ante la auténtica invasión que sufre la ciudad, al tiempo que reclamaba una acción "decidida, enérgica, contundente e inmediata". Increíblemente, el Gobierno se negó con argumentos leguleyos de que la normativa de protección civil no lo contempla para el caso de flujos migratorios. También la Constitución obliga a presentar todos los años los Presupuestos Generales y Sánchez se mofa. Es una actitud indigna de un presidente que lleva ya demasiado tiempo mirando por sus intereses personales y anteponiéndolos a los de la nación. No es de extrañar que, una vez más, los ciudadanos le hayan recibido entre insultos y al grito de "dimisión".
Tampoco se han hecho esperar las respuestas que han dado países europeos como Italia, Francia, Suecia, Países Bajos... exigiendo al Gobierno de España que ataje rápidamente la crisis de Ceuta y que proteja las fronteras europeas de la UE. En España, la despistada Conferencia Episcopal insiste en respetar la dignidad de los inmigrantes, aunque el Vaticano no ha hecho oír su voz y tampoco se ha mostrado dispuesto a acoger a unos cientos de marroquíes en sus bellos palacios. Sánchez defendió y aprobó una reforma de la ley para regularizar a los inmigrantes alentando la entrada masiva de migrantes" en el territorio español y ahora Marruecos le responde con un ensayo de invasión.
El asalto masivo a una ciudad española del norte de África no es una crisis migratoria, sino una grave crisis de soberanía propiciada por un Gobierno corrupto que tiene las manos atadas por su falta de mayoría parlamentaria, pero que se niega a dar la voz a los españoles en las urnas. El rey Mohamed VI lo sabe perfectamente y ha vuelto a tirar de chantaje alentando la invasión de Ceuta. Aprovecha la "agonía de un caudillo crepuscular" --como bien ha definido la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo-- para poner a prueba la capacidad de resistencia de España. Sánchez ya le regaló el Sáhara con un cambio de postura radical sin previa consulta al Parlamento y ahora apenas es capaz de defender la soberanía española de Ceuta, algo muy propio de un presidente de Gobierno que juega con la integridad territorial de España.



























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