La revista cultural ilustrada 'eme21mag' del Ayuntamiento recupera en su número de julio y agosto el origen de este parque mediante una historieta de Cinta Arribas. En ella, una niña pregunta a su abuelo por qué llaman al lugar las Siete Tetas y quién fue el Tío Pío.
El nombre popular procede de los siete montículos de diferentes alturas y suaves pendientes que forman el parque. Pero las lomas no han estado siempre ahí. Fueron creadas de manera artificial en 1985, durante la remodelación del terreno que había ocupado una extensa colonia chabolista.
Cuando las viviendas fueron derribadas, parte de sus escombros no fueron retirados, sino que se agruparon y se integraron en el diseño del nuevo parque. Cubiertos posteriormente con tierra y vegetación, aquellos restos dieron forma a las siete elevaciones que los vecinos terminarían bautizando como las Siete Tetas.
Así, el apodo describe la apariencia del paisaje actual, mientras que su denominación oficial conserva la memoria del hombre que estuvo en el origen de la colonia.
EL CHATARRERO QUE DIO NOMBRE AL CERRO
El Tío Pío era Pío Felipe Fernández, quien se instaló en la zona junto a su esposa, Aniceta Budia de la Cruz. Allí tenían una casa con establo y un modesto negocio dedicado a la recogida de chatarra y basuras.
Pío Felipe era muy conocido entre los vecinos y alrededor de su vivienda fueron apareciendo, desde la década de 1920, nuevas construcciones levantadas por familias que llegaban a Madrid en busca de trabajo. La agrupación fue creciendo con los años hasta convertirse en un poblado que llegó a albergar a más de 4.000 personas en 1960.
La popularidad del matrimonio hizo que el lugar comenzara a ser conocido como el cerro del Tío Pío. Tanto él como Aniceta terminaron además dando nombre a calles del entorno, destaca el Ayuntamiento de Madrid en su web.
Pío Felipe también estuvo relacionado con el movimiento asociativo de Vallecas. En 1906 fue nombrado vocal del Centro Instructivo Obrero Republicano de Nueva Numancia y Doña Carlota y, en 1928, del Centro Social Ciudadano y Ateneo de Vallecas.
UN BARRIO SIN AGUA, ALCANTARILLADO NI ASFALTO
La colonia se desarrolló durante décadas sin algunos de los servicios básicos que ya existían en otras zonas de Madrid. Sus calles no estaban asfaltadas y muchas viviendas carecían de agua corriente y alcantarillado.
La historieta de 'eme21mag' recuerda las botas katiuskas que los habitantes utilizaban para caminar entre el barro y resume aquella situación con una expresión: "Había estigma de barrio y de barro".
Pese a la precariedad, los residentes se organizaron para reclamar mejoras y lograron disponer de escuela, iglesia, comercios y campos deportivos. La revista recuerda incluso la existencia de un equipo femenino de baloncesto durante los años sesenta.
En 1965, el poeta Pedro Garfias definió el poblado como "símbolo de todos los suburbios de España, de todos los suburbios del mundo". La frase resumía una historia común a muchas periferias urbanas de la época: familias que habían llegado a las grandes ciudades durante las migraciones interiores y que levantaron sus viviendas en terrenos sin urbanizar.
DE LOS ESCOMBROS A UNO DE LOS MIRADORES MÁS FOTOGRAFIADOS
La creación del parque en 1985 transformó por completo el entorno. Sobre los terrenos del antiguo poblado se levantaron las siete colinas, se extendieron praderas y se plantaron árboles como arces, moreras, olmos, plátanos de sombra, falsas acacias, pinos y chopos.
El espacio cuenta actualmente con zonas infantiles, instalaciones deportivas, carril bici y un quiosco, pero su principal atractivo se encuentra en la parte más elevada. Desde allí se observa buena parte del perfil de Madrid y, en los días despejados, la sierra.
La panorámica y sus atardeceres han convertido el cerro en uno de los enclaves más fotografiados de Vallecas y en escenario habitual de películas, anuncios y series de televisión como Física o Química y Aída. La viñeta bromea con que Pío y Aniceta difícilmente podrían haber imaginado que el cerro llegaría a estar rodeado de cámaras y rodajes.
El paisaje ya había llamado décadas antes la atención de Antonio López. Entre 1962 y 1963, el pintor manchego realizó el lienzo Madrid visto desde el Cerro del Tío Pío, conservado en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
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