Miércoles, 08 de Julio de 2026

Actualizada Miércoles, 08 de Julio de 2026 a las 13:38:00 horas

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La FIFA se plantea otra ampliación de selecciones para el Mundial de 2030: ¿es realmente necesaria?

Otra vez sobre la mesa: un Mundial con 64 selecciones. El formato de 48 apenas ha echado a andar y ya son cada vez más las voces que piden ir aún más lejos en 2030, la edición que coincidirá con el centenario del primer Mundial. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, no cierra la puerta: sostiene que toda propuesta merece estudiarse. Y la CONMEBOL, que gobierna el fútbol sudamericano, ya mueve ficha con un plan para sumar otras 16 selecciones al formato que se estrena en el verano de 2026.

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Cuanto más grande es un torneo, con más selecciones y más partidos, más difícil resulta anticipar lo que va a ocurrir y mayor es el peso de la sorpresa. El Mundial 2026 ya lo ha dejado claro con sus 48 equipos y 104 encuentros. Cada rival nuevo mete en la ecuación variables que antes no estaban: el estilo de juego, el momento de forma, las decisiones del banquillo y hasta una dosis de azar. De ahí que buena parte de los aficionados y de los apostantes se apoyen en el criterio de los expertos antes de leer un partido. Legalbet, sin ir más lejos, es una plataforma de análisis deportivo y de apuestas que publica pronósticos y consejos para las apuestas de fútbol de mañana: detrás hay tipsters con experiencia que sostienen cada previsión con un análisis a fondo y las cuotas más recientes de las distintas casas de apuestas.
 
Con 64 selecciones, la cuenta de partidos treparía hasta 128. Son justo el doble de los que se jugaban con el formato de 32 equipos, el que estuvo vigente entre 1998 y 2022. Para el aficionado, la traducción es sencilla: 45 días seguidos de fútbol mundialista.
 
Pero ¿es realmente una buena idea otra ampliación del torneo? Analicemos con más detalle los argumentos de ambas partes.
 
De dónde surge la propuesta
 
El primero en ponerla sobre la mesa fue Ignacio Alonso, presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, en marzo de 2025. Y Uruguay no defiende esto por casualidad: allí nació el Mundial en 1930, y en 2030 el país albergará uno de los tres partidos inaugurales ceremoniales previstos para celebrar el centenario.
 
El de 2030 será un Mundial raro de por sí, aun sin tocar el número de equipos. Las sedes principales son España, Portugal y Marruecos, mientras que Uruguay, Argentina y Paraguay acogerán un partido cada uno en Sudamérica. Será, por tanto, el primer Mundial que se dispute en tres continentes y seis países distintos.
 
Para Sudamérica, la propuesta también ofrece una ventaja tangible. Con 64 plazas en juego, las diez federaciones de la CONMEBOL llegarían a la fase final casi con el billete en el bolsillo. Hoy la cosa es más ajustada: seis clasifican de forma directa y una séptima se juega el pase en la repesca intercontinental. Y ahí entra Venezuela, la única selección sudamericana que jamás ha disputado un Mundial. También ella tendría, por fin, su oportunidad.
 
Aun así, no todo el mundo se lo cree del todo. Buena parte de los analistas ve en la propuesta tanto una lógica deportiva como, sobre todo, un interés económico de peso. Cada partido de más deja dinero: derechos de televisión, patrocinadores, entradas. El resultado es previsible: ampliar el torneo dispararía todavía más la recaudación de la FIFA.
 
¿Qué cambiaría en realidad?
 
En el fondo, un Mundial de 64 no sería una ruptura, sino más de lo mismo: la línea que la FIFA sigue desde que Infantino llegó a la presidencia. El torneo ya ha encajado el mayor cambio de su era moderna, y en paralelo el organismo estrenó un Mundial de Clubes agrandado, que se jugó por primera vez con su formato de 32 equipos en 2025, en Estados Unidos.
 
Las consecuencias más importantes serían las siguientes:
 
  • Los partidos saltarían de 104 a 128, cifra nunca vista en un Mundial.
  • Jugaría casi el 30 % de las 211 federaciones que integran la FIFA.
  • En casi todas las confederaciones, clasificarse dejaría de ser un reto para las potencias y pasaría a ser un trámite.
  • La logística aprieta más aún: más estadios, más viajes largos, un calendario que ya venía saturado.
 
Para medir de verdad el salto conviene mirar atrás. Durante décadas, el Mundial fue coto de un puñado de selecciones; solo en los últimos ciclos ha ido abriéndose hasta convertirse en un evento planetario:
 
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Si la idea prospera, en apenas cuatro años —de 2026 a 2030— los partidos crecerían una cuarta parte y las selecciones, un tercio. Ningún salto anterior fue tan brusco, ni siquiera el de 24 a 32 equipos.
 
Argumentos en contra
 
Uno de los mayores problemas es que todavía no existe un formato claro para un torneo de 64 selecciones. El formato de 48 equipos ya generó debate al introducir doce grupos de cuatro y un complicado sistema para decidir qué terceros clasificados pasan a la fase eliminatoria. Con 64, en cambio, la FIFA podría rescatar los clásicos dieciséis grupos de cuatro, un esquema más limpio y fácil de seguir sobre el papel.
 
El problema aparece cuando se clasifica un tercio de las selecciones del planeta: la brecha entre las mejores y las más flojas se dispara. Y muchos de los primeros partidos podrían quedar resueltos antes de empezar, justo cuando la gracia de la fase de grupos está en no saber qué va a pasar.
 
Está también la cuestión del calendario. Los jugadores de los grandes clubes ya compiten prácticamente todo el año. Más partidos en el mayor torneo del fútbol supondrían aún menos descanso y un mayor riesgo de lesiones en la temporada previa al Mundial.
 
Más grupos implicarían también más partidos disputándose a la vez, más ciudades sede y más desplazamientos para los aficionados que siguen a sus selecciones. Con ese panorama, el rechazo europeo era casi inevitable. Aleksander Čeferin, al frente de la UEFA, ha sido de los más tajantes: para él la idea es, sencillamente, mala, restaría calidad al torneo y dejaría casi sin sentido la fase de clasificación.
 
Argumentos a favor
 
A pesar de las numerosas críticas, la idea de un Mundial de 64 selecciones cuenta con muchos partidarios. Su principal argumento es que el fútbol dejó hace tiempo de ser un deporte exclusivamente europeo y sudamericano. En las últimas décadas, el nivel de las selecciones de Asia, África, Norteamérica y Oceanía ha mejorado notablemente, lo que convierte una nueva ampliación del torneo en un paso lógico dentro del desarrollo global del deporte.
 
Otra posible ventaja tiene que ver con la estructura del torneo ya mencionada. Con 64 equipos volverían los clásicos dieciséis grupos de cuatro, y de cada uno pasarían directos a la siguiente ronda los dos primeros. Para muchos analistas es un sistema más justo y, sobre todo, más cómodo de seguir, porque nadie tendría que andar comparando resultados de un grupo con los de otro.
 
Para los aficionados, un torneo más grande tiene un atractivo evidente. Con más selecciones llegan nuevos países, debuts cargados de emoción e historias que van más allá de las grandes potencias del fútbol. Cabo Verde, Curazao, Uzbekistán y Jordania debutan este año en una fase final de un Mundial.
 
Sus defensores añaden un dato: el arranque del Mundial 2026 ya desmontó buena parte del miedo a que el nivel se hundiera. Más de un debutante le complicó la vida a rivales de mayor pedigrí, y las gradas registraron llenos de récord. Todo apunta, por tanto, a que el interés de los aficionados difícilmente disminuiría si aumenta el número de selecciones participantes.
 
Y queda el argumento del desarrollo. Para los países que casi nunca pisan un Mundial, llegar a la cita lo cambia todo: entran ingresos nuevos en la federación, aparecen patrocinadores, se invierte en instalaciones y los chavales empiezan a mirar el fútbol de otra manera. No es casualidad que la FIFA saque este punto casi siempre que defiende ampliar el cupo.
 
¿Un cambio de perspectiva?
 
Se apruebe o no finalmente la propuesta de ampliar el torneo a 64 selecciones, el debate ya ha cambiado de forma notable la manera en que se piensa el futuro del Mundial. Durante años, la pregunta era una sola: ¿quién levantará la Copa? Ahora hay otra que pesa cada vez más, y tiene que ver con qué queremos que sea el mayor torneo del planeta en pleno siglo XXI. ¿Más abierto o más competitivo?
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