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Asturias en un fin de semana: lo que Madrid no puede darte pero está a cuatro horas

Hay un momento, cada primavera, en el que Madrid empieza a apretar de verdad. El asfalto acumula calor, los parques se llenan, las terrazas colapsan y la ciudad, que en invierno tiene una energía que engancha, empieza a pesar de otra manera. Es exactamente en ese momento cuando merece la pena recordar que a cuatro horas por la A-6 o en poco más de una hora de AVE hasta Oviedo hay un mundo completamente diferente esperando. Verde, frío cuando hace falta, con el mar de verdad y una naturaleza que no necesita carteles explicativos para impresionar.

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Asturias lleva años siendo el destino de escapada favorito de muchos madrileños, y los motivos son evidentes: la distancia es razonable, la oferta gastronómica no defrauda nunca y el paisaje hace el trabajo solo. Pero más allá de la sidra y el cachopo, el Principado tiene una dimensión activa que todavía no ha llegado a todo el mundo. Hay cosas que hacer aquí que en Madrid, sencillamente, no existen. Y algunas de ellas están en la costa, sobre el agua, con el Cantábrico como protagonista.
 
Ribadesella: el pueblo que lo tiene todo
en diez kilómetros cuadrados
 
Si hay un punto de la costa asturiana que concentra naturaleza, historia y actividad en un espacio reducido, ese es Ribadesella. La villa está en la desembocadura del río Sella, tiene una playa urbana que en los días buenos rivaliza con cualquier cosa que uno haya visto en el Mediterráneo, y a su alrededor se extiende un paisaje de ría, acantilados y valle fluvial que desde la carretera ya impresiona, pero que desde el agua alcanza otra dimensión completamente distinta.
 
Una de las experiencias más recomendables para quien llega desde fuera y quiere entender el litoral asturiano de verdad es dar paseos en barco por Asturias a bordo de una lancha que navega pegada a la costa. Ver los acantilados desde el mar, con las cuevas abiertas en la roca, las aves sobrevolando las corrientes y los Picos de Europa asomando en el horizonte en los días despejados, es una perspectiva que ninguna ruta de senderismo puede ofrecer. Es también una actividad perfecta para quien viaja acompañado de personas con distintos niveles de forma física o de ganas de esfuerzo: no exige nada más que estar presente y mirar.
 
El Cantábrico desde una embarcación pequeña tiene una escala que el Mediterráneo no tiene. El agua es más oscura, el horizonte parece más ancho y la sensación de estar en un lugar que se ha tomado en serio a sí mismo durante siglos es difícil de explicar a quien no lo ha vivido.
 
El Sella: un río que merece más que una fotografía
desde el puente
 
El otro gran protagonista de Ribadesella es el río. El Sella desciende desde los Picos de Europa y desemboca aquí después de atravesar uno de los valles más fotogénicos de la cornisa cantábrica. La mayoría de la gente lo ve desde el puente o desde la orilla, lo fotografía y sigue su camino. Es un error.
 
Hacer el descenso del Sella en Ribadesella en canoa o kayak es la forma más honesta de entender por qué este río tiene la fama que tiene. El recorrido habitual desde Arriondas cubre unos doce kilómetros entre choperas, aldeas de piedra y rápidos de intensidad moderada que no requieren experiencia previa pero que tampoco permiten desconectar del todo. Es exactamente el tipo de actividad que uno agradece después de una semana larga de ciudad: obliga a estar en el momento, sin pantallas, sin ruido de fondo, con el agua marcando el ritmo.
 
Para los que viajan desde Madrid con niños, es también una opción muy sólida. El nivel técnico es accesible desde edades tempranas y la duración del recorrido, de entre dos y tres horas según el ritmo, encaja bien en una jornada que puede completarse con una buena comida en la villa antes de volver al alojamiento.
 
Quién hay detrás de todo esto
 
Buena parte de las actividades acuáticas que se pueden hacer en Ribadesella y en la costa asturiana están en manos de empresas locales con años de experiencia en el terreno. Montañas del Norte es una de las referencias en la zona: organizan tanto el descenso del río como las rutas en lancha por los Acantilados del Infierno, conocen el entorno como nadie y ofrecen un trato que se aleja bastante del turismo de masas. Para quien llega desde fuera sin conocer la zona, contar con alguien así marca la diferencia entre una actividad correcta y una que se recuerda durante años.
 
Cuándo ir y cómo organizarlo desde Madrid
 
La primavera es el mejor momento para combinar el río y el mar en Asturias. El Sella baja con caudal, la costa no está saturada y los precios del alojamiento son más razonables que en verano. Septiembre es otra opción excelente: el agua del mar todavía conserva algo del calor acumulado, la luz de otoño es extraordinaria y Ribadesella recupera su ritmo habitual después del agosto más turístico.
 
En coche, la ruta más habitual desde Madrid pasa por Valladolid y llega al Principado por el puerto de Pajares o por Campomanes. En tren, el AVE hasta Oviedo deja la capital de Asturias a menos de hora y media, y desde allí Ribadesella está a unos cincuenta minutos en coche de alquiler. Un fin de semana largo da para el río el sábado, la lancha el domingo por la mañana y la vuelta por la tarde con el maletero cargado de queso y sidra. No hace falta más planificación que esa.
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