Ábalos enseña el camino a Sánchez
La sentencia del Supremo contra Ábalos y Koldo no admite contemplaciones. El Alto tribunal les ha condenado por unanimidad a 24 y a 19 años de cárcel por corrupción en el 'caso de las mascarillas'. El otrora todopoderoso número 2 en el Gobierno y en el PSOE ha caído de su pedestal y parece preparar el camino que algún día puede recorrer Pedro Sánchez.
Cualquier demócrata se está preguntado qué más hace falta para que el 'okupa' de la Moncloa tire la toalla, se vaya y nos deje en paz a los españoles. Su entonces mano derecha todavía está digiriendo el mazazo de la condena. Además, el hermanísimo está a la espera de la sentencia y su mujer está a punto de sentarse en el banquillo, acusada de cuatro delitos de corrupción. El miércoles tendrá que entregar el pasaporte al juez Peinado, que se lo ha requisado por temor a que huya de la Justicia. ¡Tremendo panorama!, nunca visto en España.
¡Qué envidia sana de los británicos!. Su primer ministro, Keir Starmer, acaba de anunciar su dimisión porque su partido ha perdido unas elecciones locales. Las críticas procedentes de su propio partido han puesto fin a su etapa como líder del Ejecutivo británico solo dos años después de ganar las elecciones generales. Starmer es un demócrata y el Reino Unido una democracia. En contraste, el aprendiz de tirano se ata a la poltrona y ni los más graves casos de corrupción que cercan a su familia y a su partido son suficientes para echarle.
La sentencia del 'caso de las mascarillas' es abrumadora. El Supremo considera que Ábalos, Koldo y Aldama conformaron una organización criminal que cometió "graves" delitos de corrupción. Aparte de los millones que robaron, lo peor, según la sentencia, "es el deterioro de la confianza ciudadana en el sistema político, al quebrar la expectativa de que el poder democrático se ejerce en beneficio del conjunto de la ciudadanía". Es decir, Ábalos y compañía sólo pensaban en su ilegal beneficio particular, tan contrario a lo proclamado durante su hipócrita moción de censura contra Rajoy, cuando anunciaban que venían a regenerar la democracia y acabar con la corrupción.
El líder del PP, Feijóo, habla del fin de la escapada del Gobierno y Abascal vaticina que Sánchez irá a la cárcel como Ábalos cuando acabe su mandato. Puede que los dos tengan razón, pero Sánchez intentará aguantar como si la corrupción no fuera con él, cuando a estas alturas jueces, fiscales y medios le apuntan como el número 1 de la gran trama de corrupción, sin el cual ninguna de las causas abiertas contra el PSOE hubieran sido posibles.
La decisión del Supremo de no decretar el ingreso en la cárcel de Aldama, pese a haber sido condenado a cuatro años, abre una vía que hace temblar los cimientos del PSOE y del Gobierno. Viene a sentar el precedente de que si un imputado colabora con la Justicia puede librarse de la cárcel por muchos delitos de que le acusen. Así las cosas, Julio Martínez, el testaferro-lacayo de Zapatero, y la 'cloaquera' mayor del socialismo, Leire Díez, pueden estar tentados de cantar todo lo que saben. Zapatero y Sánchez tiemblan. Por muy poderosos que se crean, pueden acabar en la cárcel, siguiendo los pasos de Ábalos. Su error puede haber sido que se creían impunes para robar.
Cualquier demócrata se está preguntado qué más hace falta para que el 'okupa' de la Moncloa tire la toalla, se vaya y nos deje en paz a los españoles. Su entonces mano derecha todavía está digiriendo el mazazo de la condena. Además, el hermanísimo está a la espera de la sentencia y su mujer está a punto de sentarse en el banquillo, acusada de cuatro delitos de corrupción. El miércoles tendrá que entregar el pasaporte al juez Peinado, que se lo ha requisado por temor a que huya de la Justicia. ¡Tremendo panorama!, nunca visto en España.





























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