Pesadillas en la España de Bafomet
Quisimos ser europeos, inventar pasmosas transiciones para mirar a los ojos a las democracias nórdicas, presumir de modernidad…
Quisimos dejar de ser diferentes, ser alguien en los versallescos salones donde se juega el futuro del mundo entre valses y canapés.
Es cierto que África ya no empieza en los Pirineos, y que ningún mono puede atravesar la Península de norte a sur brincando de encina en encina; pero ahora tenemos algo peor: a feroces milicianos saltando de hemiciclo en hemiciclo, empuñando hoces y mandiles, enseñando ferozmente sus dientes a los españolitos lobotomizados… Antes de ser europeos, fuimos imperiales, y, por medio de una espeluznante transición pasmo del mundo, hemos acabado siendo un país bananero: Españistán.
Sí, porque lo que empieza en los Pirineos es una franquicia caribeña, sometida a la carga de mamelukos de guayabera y oro, de bolchevikes de mariscada y puño en alto, de separatas serpentinos y barretinados, mientras el brillo del oro refulge en sus corruptas alforjas.
Es la España-Nostra, donde el supremo Capone enarbola su gran bate de béisbol para apalizar a nuestra Patria, padrineando legiones de íncubos y súcubos, de feroces demonios que le iniciaron en sus misterios en pavorosas noches de vampiros y dráculas: es el Anticristo del Tajo.
Es Españamarca, cuyo olor a putrefacción llega hasta Marte… y más allá, una pesadilla colmada de chupasangres, de milicianos húmedos, de personajes coronados con cucuruchos negros, cooptados desde las cavernas del Tártaro.
Kamaradas, rastafaris, búfalos cafres, okupas en flor, mafiosos cum laude, brujas zugarramurdianas, femens coñoinsumisas, cheguevarianos en formación, sociatas con rosas negras, lameculos espectaculares, alcapones en tropel, sacamantecas en trance, matones leninistas, corruptos de récords Guinness, iniciados en secretos bailónicos, sáncheces abducidos desde Monte Pelado…
Es España-Komanche, tiroteada en el O.K. Corral de Sam Jerónimo’s Street, reino de calaveras y gatillos fáciles, de posesiones infernales.
Decían que venían a regenerar la democracia, a asaltar los cielos, a rescatar a la gente, a hacer gobiernos de cambio y progreso. Pero empezamos siendo España y ahora nos hemos trocado en España-Komanche, en una España bafomética, sometida a una sobrecogedora transición a los infiernos, el verdadero objetivo de esta jauría depredadora que campa a sus anchas por nuestros solares.
Sí: de la España imperial, de la España nacionalcatólica hemos desembocado en Españamarca, fruto de los cuervos criados durante 50 años, de monstruos hallowenianos que pueblan nuestras pesadillas.
Y ahora los correveidiles del Señor de las Moscas van a por la España plurinacional, a por la “Plurispaña”, a crear “Españilandia” con los despojos de “estepaís”.
Costará sangre, sudor, lágrimas, exorcismos incontables, innumerables cruces en collados, legiones de mártires con rosarios y detentes, acometidas implacables de huestes angélicas, pero venceremos de nuevo, porque ¿Quién como España? ¿Quién como Dios? Lucharán como nunca, pero perderán como siempre.
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