Todo empezó en 2015, cuando Sanz vio que el kiosco al que acudía como cliente en la calle Ortega y Gasset se traspasaba y, en un momento personal complicado, decidió dar el paso. "No fue una decisión premeditada", recuerda en una entrevista con Europa Press, en la que explica que siempre había sido lector de periódicos, revistas y libros desde niño.
Los primeros días fueron "duros", admite, porque el oficio exige conocer a la clientela, familiarizarse con distribuidores y manejar una enorme variedad de publicaciones. Aun así, aquel joven de 22 años empezó con ilusión por trabajar rodeado de prensa, revistas y libros en un barrio en el que veía posibilidades.
La apuesta por los libros en este kiosco despegó tras la pandemia, incorporando cada vez más novela, ensayo y cuento infantil. Con el tiempo, Sanz comprobó que el público respondía, que los vecinos hacían pedidos y que el kiosco empezaba a funcionar como una pequeña "librería de calle".
En 2024, cuando ya se había generado una comunidad lectora en torno al puesto, decidió ir un paso más allá: organizar firmas de libros los domingos. La primera fue con el historiador Francisco Cánovas Sánchez. "Los amigos se utilizan un poco como chivos expiatorios", bromea Sanz, que pensó que, si no salía bien, al menos pasaría un rato con alguien de confianza.
Pero salió bien. Repitió después con otra amistad, José María Marco y, a la vuelta de vacaciones, decidió programar firmas todos los meses. En 2025 dio un nuevo salto y empezó a organizar encuentros cada semana. "Es una cosa muy bonita, genera comunidad y también incrementa las ventas de los libros", defiende.
Desde entonces, el kiosco ha recibido a autores de perfiles muy distintos. Sanz cita, entre otros, a Manuela Carmena, Esperanza Aguirre, Andrés Trapiello, Manuel Vicent, Miguel Ángel Aguilar, Nieves Herrero, Rosa Belmonte, Emilio del Río, Raquel Peláez o David Uclés. Su objetivo, subraya, es que el kiosco sea un espacio "transversal", abierto a distintos géneros, ideologías y sensibilidades.
"TRABAJÁRSELO MUCHO" E "ILUSIÓN", FÓRMULA PARA EL ÉXITO
La dinámica funciona también por el boca a boca y por redes sociales. A David Uclés, por ejemplo, le contactó después de leer una entrevista suya. Con otros escritores llega a través de clientes, amigos, editoriales o contactos que va tejiendo día a día. "Al final es trabajárselo mucho, tener ilusión y con eso se llega casi a todas partes", resume.
Mientras tanto, las firmas han dejado escenas poco habituales para los clientes habituales de este kiosco aunque, según relata Sanz, todavía hay vecinos que pasan sin saber nada y se encuentran de pronto con un autor al que admiran; lectores que no pudieron acudir y preguntan si queda algún ejemplar dedicado; o escritores que confiesan que nunca antes habían firmado en un puesto de prensa.
También ha habido anécdotas de trastienda. Recuerda, por ejemplo, la visita de Manuel Vicent, de 90 años, en un día de mucho frío de noviembre. Para que estuviera en las mejores condiciones posibles, le pusieron una manta y un calefactor. En otras ocasiones, alguna firma ha estado a punto de cancelarse porque los libros no llegaban a tiempo, hasta que el envío aparecía "el viernes a última hora" casi como un milagro.
Para este kiosquero, la clave no está solo en vender --como lo hacen las grandes plataformas a través de un clic--, sino en prescribir. En sus mesas combina novela, ensayo, infantil, cómic y novedades comerciales con apuestas personales o libros de editoriales independientes que considera interesantes. "Me gusta recomendar mucho", explica, apoyado en su propio bagaje como lector "curioso" y "vocacional".
Esta semana, en la mesa del kiosco había títulos como 'La Cámara de las Maravillas' de María Oruña; 'Tinta y Sangre' de Han Kang; 'Abril o nunca' de Juan Gómez Bárcena; 'El Manual' de Iván Redondo; 'Plomo' de José Luis Sastre; o 'La venganza del Apóstol' de Isabel San Sebastián, entre muchos otros.
Entre los nombres que todavía le gustaría llevar al kiosco figuran Javier Cercas, Enric Juliana, Juan Miguel Zunzunegui, Jorge Bustos o Rosa Montero.
UN OFICIO CON MUCHO SACRIFICIO
Aunque los libros y las firmas sean un buen empujón para el kiosco, Sanz no esconde la dureza del oficio. Abre siete días a la semana y reconoce que eso limita mucho la vida personal, el ocio y la conciliación familiar. También es consciente de que el número de kioscos seguirá reduciéndose en las ciudades, pero confía en que permanezcan algunos puntos de referencia.
A su juicio, los kioscos son "puntos de vertebración de los barrios" y venden productos "indispensables para el buen funcionamiento de una democracia": prensa, revistas, libros e información. Por eso cree que las administraciones deberían ser más generosas con el sector, incluso con exoneraciones de tasas por ocupación de vía pública o ayudas directas para salvaguardar estos puntos de venta.
Mientras tanto, como muchos otros compañeros, complementa la actividad con productos de temporada, como paraguas en días de lluvia, abanicos en verano o pequeños artículos visibles desde la calle. Pero insiste en que el núcleo del negocio sigue siendo cultural: periódicos, revistas y libros.
La clientela, asegura, es variada. Los compradores de prensa en papel son mayoritariamente personas de más edad, pero el libro le ha permitido atraer a públicos más transversales, también jóvenes y familias. Cuida especialmente los títulos infantiles y adolescentes, convencido de que un buen libro puede interesar a lectores de cualquier generación. "Los grandes autores son universales", sostiene.
Para ampliar el alcance de las firmas, Sanz ha abierto una cuenta de Instagram del kiosco (@kioskalia) con la ayuda de un amigo, desde la que anuncia novedades, vídeos y próximos encuentros. Se define como "bastante analógico", pero ha entendido que las redes pueden atraer a lectores de otros barrios de Madrid que quizá se animen a acercarse un sábado o un domingo hasta este epicentro cultural en el número 45 de Ortega y Gasset.
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