Dado que el ataque agendista más cruel tiene como víctima a Occidente, y dado que éste tiene su base histórica y cultural más sólida en el cristianismo, los creyentes tienen un peso decisivo en el éxito o fracaso del Nuevo Orden Mundial, por lo cual cabe preguntarse cuál es su actitud mayoritaria ante esta amenaza a la especie humana.
Responder a esta cuestión ha de partir inexorablemente de un hecho esencial, que da a las bancadas cristianas una especial característica, influyendo decisivamente en su respuesta, el cual consiste en que los creyentes tienen ante sí el trabajo de un doble despertar, algo que no sucede con los no creyentes.
En primer lugar, han de percibir la colosal verdad de que los sistemas occidentales “democráticos” son una pura farsa, pues ha bastado una simple 'plandemia' para que sus gobernantes hayan quedado desnudos, y las supuestas libertades se hayan sumido en el profundo limbo de las protodictaduras. No es tarea fácil reconocer que nuestros gobernantes no solo no buscan nuestra libertad, nuestra prosperidad, nuestro bienestar, sino que sus políticas se encaminan salvajemente a destruir nuestra dignidad, a buscarnos la ruina, a esclavizarnos bajo una dictadura tecnotrónica.
Este despertar es común a todos, pero, sin embargo, en el caso de que un cristiano haya conseguido salvar esta pantalla, aún le queda otra, muy difícil de manejar: ver con prístina claridad que el Vaticano es una secta ahíta de maldad, presidida por entidades malignas de cuernos y cucuruchos negros, de rituales sulfurosos, que, lejos de buscar la salvación de los creyentes, está conchabada con el Señor de las Moscas para ser la vanguardia mundial de la Agenda 2030, liberando y adulando a los barrabases del mundo, mancillando la sacralidad que deberían defender, entregándose sin rubor ni pudor a las tinieblas más abyectas.
Es decir, que un cristiano necesita despertar a dos Himalayas de mentiras, pues, aparte de ver la verdad de los sistemas que le esclavizan y buscan su ruina, tiene además que ver en Prevost a otro antipapa de cuño bergogliano: dura tarea, pues los catoliborregos tienden a someterse totalmente a sus Papas, digan lo que digan, hagan lo que hagan, aunque pachamameen, aunque incurran en herejías, aunque desprecien basílicas pontificias a punto de ser profanadas por las hordas infernales.
La historia viene de muy atrás, pues fue incubada por el modernismo desde fines del siglo XIX, pero, a partir de su éxito en el Concilio Vaticano II, la infestación vatikana por las fuerzas oscuras es pavorosa, apocalíptica, en especial con Bergoglio el hereje, y ahora con su lacayo Prevost, su más perfecto correveidile, el más consumado arlequín bergogliano, antipapa cum laude.
Es un axioma incontestable que el catolicismo se fundamenta en el amor, en su doble vertiente de amar a Dios y amar al prójimo, pero fue el nefasto Bergoglio el que patentó la afirmación de que someterse a las políticas de la satánica Agenda 2030 era hacer “un acto de amor”, ejemplificada cum laude en la invitación urbi et orbe de que había que pincharse para mostrar amor a nuestros semejantes.
Prevost, también llegó a decir eso, aunque con otras palabras, pero ahora ha extendido los actos amorosos a más ámbitos globalistas, tal es su insistencia en que hay que acoger a todos los inmigrantes, porque esa acogida viene a ser otro “acto de amor”. Ése es el motivo principal de su visita a España, paraíso multicultural de acogida universal a todos los inmigrantes, aunque la intención del perverso Sánchez no sea practicar actos de amor de caridad cristiana, sino destruir la identidad de la nación española, proporcionar mano de obra esclava al IBEX, y conseguir votantes.
Prevost, entusiasta bendecidor de un bloque de hielo, también es sospechoso de haber aparecido en una imagen donde sacerdotes conspicuos estaban con la Pachamama.
Con su venida a nuestra Patria (no a “estepaís”) el Prevost está blanqueando la dictacracia demoníaca de Sánchez, furibundo anticatólico, terminator de cruces y valles, abortista y eutanasiador, legalizador de la blasfemia, sociata ectoplasmático de los milicianos del 36 que perpetraron el Terror Rojo.
Y ese blanqueo llega hasta tal punto de obscenidad, que la secta Vatika ha presentado ante la prensa mundial una hagiografía de Sánchez donde le adulan como “defensor de los derechos sociales”, por aquello de que con su política de abrir las fronteras a todos los inmigrantes está practicando, como decía Bergoglio, “el desafío evangélico de la acogida”.
Ese desafío, sin embargo, no se cumple de ninguna manera en la Ciudad del Vaticano, que tiene la ley de inmigración más estricta de Europa, hasta el punto de los únicos inmigrantes vaticanos son los que se ven en el monumento inaugurado por Bergoglio el 29 de septiembre de 2019, con motivo de la 105ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Insultante ese monumento, cuando hay en el mundo tantísimos cristianos masacrados, cuando el genocidio de tantos católicos mártires es el hecho determinante de la historia de la Iglesia.
La secta vatikana esgrime también el argumento bíblico que dice que no hay que olvidar la hospitalidad, “pues por ella algunos albergaron ángeles sin saberlo" (Hebreos 13, 2). Hermosa afirmación, pero que también tiene una contraparte, pues el Vatika está albergando a Sánchez, y, con él, a toda una legión de cristianófobos, de verdugos, de milicianos, con la diferencia de que la secta vatikana los está albergando sabiendo muy bien quiénes son, y lo que están haciendo.
Pero, ¿qué se puede esperar de un Vatikano que ha albergado toda una legión de seres malignos? ¿Qué queda cuando Roma perece?: Cuando Roma cae, cae el mundo (Virgilio. Byron).
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