"Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante", ha clamado el Pontífice este jueves durante su visita al muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, la penúltima parada de su viaje por España.
Precisamente, este viernes 12 de junio entra en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo que, según ONG como CEAR, Save the Children o Médicos Sin Fronteras, "será devastador". "Podemos anticipar las inevitables repercusiones médica de un mayor número de personas atrapadas, detenidas y privadas de seguridad y protección en toda Europa, tanto en el mar como en países no pertenecientes a la UE", advirtieron recientemente. Un total de 13 entidades han exigido este jueves al Gobierno español "transparencia" en la aplicación del pacto.
En el acto, celebrado en el conocido como "muelle de la vergüenza" --en referencia al campamento con miles de inmigrantes que se formó en el recinto portuario de Arguineguín donde pernoctaron hacinados durante el verano del año 2020--, el Pontífice ha estado acompañado del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
También han estado presentes el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, y el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, entre otras autoridades.
El Pontífice llegaba pasadas las 11:30 horas al muelle, donde le esperaban bajo un sol abrasador unas 1.800 personas, sobre todo, muchas familias migrantes con niños.
UNA BEBÉ DE 4 MESES
Entre ellas, se encontraba la pequeña Mamaisata, una bebé de 4 meses que tenía previsto intervenir en el acto junto a su madre inmigrante y que esperaba en brazos de una voluntaria buscando una sombra.
Tras las palabras de bienvenida del obispo de Canarias, José Mazuelos, que ha asegurado que "la dignidad humana es anterior a cualquier legislación", ha llegado el momento de la homilía del Pontífice.
León XIV ha advertido de que "la dignidad humana no tiene pasaporte". "No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera", ha remarcado.
Asimismo, ha advertido a la Iglesia de que "no puede desentenderse" de la realidad de las personas migrantes que intentan llegar a las costas en pateras.
"La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas", ha insistido, añadiendo que la acogida del inmigrante "no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios". "No podemos luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras", ha exclamado.
Además, ha pedido empatía y ha apuntado que solo cuando el inmigrante deja de ser "una categoría y una cifra", cuando se comprende que a cualquiera podría tocarle ser esa persona migrante, solo entonces, "la conciencia se queda sin excusas".
RECUERDO PARA EL HIERRO
En concreto, se ha referido al drama migratorio en El Hierro, "esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad" que "ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco".
También ha puesto en valor el trabajo de Cáritas y de Salvamento Marítimo, dando las gracias "a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento", y ha subrayado la importancia de comenzar por "gestos pequeños", con "unas cuantas galletas y un poco de leche" o estando presentes "allí donde los recursos no bastan y no hay un idioma común".
A su vez, ha advertido de las "mafias", las cuales ha definido como "industrias de muerte". "No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son 'cantos de sirenas', son industrias de muerte", ha aseverado.
Además, ha condenado la trata de personas, advirtiendo de que "nadie puede comprar, vender, usar o descartar" a ninguna persona.
"Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable", ha remarcado.
Por todo ello, ha hecho un llamamiento a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas --autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales--, y a las comunidades cristianas y demás tradiciones religiosas.
"No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?", ha planteado
Asimismo, ha recalcado que las personas migrantes "no son números ni expedientes" y ha pedido "vías legales y seguras, rescate y asistencia".
OFRENDA FLORAL POR LOS FALLECIDOS
Tras la homilía, el Papa se ha acercado a la orilla del muelle para lanzar un ramo de flores al mar en recuerdo a las víctimas mortales de la ruta canaria. Además, ha bendecido una cruz realizada con madera de un cayuco.
En el acto se han intercalado momentos musicales con testimonios como el de una mujer víctima de trata que fue secuestrada por una mafia, violada y obligada a prostituirse, tras una peligrosa travesía en patera y mientras veía cómo le arrebataban a su hijo.
"La patera en la que viajé llegó a la otra orilla. Pero el sufrimiento no terminó ahí. Durante el viaje quedé embarazada de un hombre de la mafia. Al llegar a España me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme. Me trataron muy mal. Me separaron de mi hijo. Tenía 11 meses cuando la policía detuvo a quienes me tenían presa, y por fin pude tenerle conmigo", ha contado a través de otra mujer que ha leído su historia para proteger su privacidad.
Los asistentes han despedido al Pontífice entre gritos de 'Viva el Papa' y se han mostrado emocionados por haber podido verle de cerca, como la pequeña Mariana, de 9 años, que en declaraciones a Europa Press le ha dedicado una canción al Pontífice: "Yo canto para que sonría mamá, yo canto para que sonría papá, yo canto para que sonría Dios".
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