Ubicado en el Parque del Oeste, muy cerca de Plaza de España, y convertido en uno de los puntos más fotografiados de Madrid, este templo egipcio trasladado piedra a piedra desde Nubia no es ajeno a los problemas de conservación propios de un monumento a la intemperie: climatología, contaminación o tránsito constante de visitantes.
A diferencia de otros templos de su misma naturaleza, el de Debod se encuentra completamente integrado en un espacio abierto, lo que facilita su acceso y lo expone a un mayor desgaste. Al respecto, cabe recordar que la delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, descartó la posibilidad de cubrir el monumento. En concreto, señaló que en 2022, un estudio reveló que la obra estaba en unas "condiciones razonables" y su cubrición "ni si quiera" se contemplaba.
"La piedra de Debod se somete a exámenes periódicos para actuar en caso de necesidad, pero por parte del Consistorio la posibilidad de cubrir el templo ni siquiera se contempla", expuso entonces a los medios.
A factores como la climatología, la contaminación o el tránsito constante de visitantes que pueden incidir en la conservación del monumento se suma ahora la aparición de marcas en el que se pueden observar símbolos, nombres y siglas que nada tienen que ver con su origen egipcio.
LA LÁMINA DE AGUA COMO BARRERA NATURAL
La ausencia actual de la lámina de agua, que supone una suerte de barrera física, ha expuesto aún más el recinto. Precisamente, testigos han relatado que durante los días de Semana Santa se han producido intentos de acceso no autorizado al interior del recinto por parte de turistas, aprovechando la ausencia de la tradicional estanque que rodea el monumento.
Una situación que ha podido comprobar Europa Press y solventada por el personal de seguridad que, con silbato en mano, instan a las personas que intentan acceder sin el correspondiente ticket a retroceder.
La delegada aseguró a finales de 2025 que el Ayuntamiento intentará "recuperar" la lámina de agua que rodea el templo con el fin de que se recupere "más pronto que tarde". La lámina está aquejada de las sucesivas filtraciones que se han producido, motivo por el que se decidió vaciarla. Ahora, según desgranó Rivera de la Cruz, hay un proyecto sobre la mesa para recuperar el agua que debería rodear el templo.
Cabe recordar que el monumento alberga un museo de gestión municipal y de acceso completamente gratuito. Las entradas pueden solicitarse vía online. Así, los visitantes pueden acceder al interior del templo y conocer la historia de Debod, así como transitar por el exterior y por sus característicos portales.
Precisamente, en estos arcos es donde se concentra la actividad de vandalismo. Las marcas se extienden a la cara interior de ambas estructuras, de época ptolemaica.
UN LEGADO DE NUBIA EN EL CORAZÓN DE MADRID
El templo tiene su origen entre los años 195 y 185 antes de Cristo, cuando el rey meroítico Adijalamani mandó levantar una pequeña capilla dedicada a Amón de Debod e Isis en la Baja Nubia, en el actual Sudán. Aquel primer núcleo fue ampliado posteriormente por los faraones ptolemaicos, que dotaron al edificio de santuarios, vestíbulos, criptas y una terraza superior destinada a rituales vinculados a Osiris.
Con la llegada del dominio romano, emperadores como Augusto o Tiberio completaron su decoración, incorporando relieves en los que se representaban ofrendas a las divinidades. Durante siglos, el templo fue testigo de distintas etapas de esplendor hasta quedar expuesto a una amenaza definitiva en el siglo XX.
La construcción de la gran presa de Asuán en la década de 1960 puso en peligro de desaparición numerosos templos nubios. Ante esta situación, la UNESCO impulsó una campaña internacional para su salvamento. En agradecimiento por la participación española en este operativo, especialmente en el rescate de Abu Simbel, Egipto donó el templo a España en 1968.
Tras su traslado y reconstrucción en Madrid, el monumento abrió al público en julio de 1972, convirtiéndose en un símbolo de cooperación internacional y en una pieza única del patrimonio egipcio en el corazón de la capital.
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