Juicio al sanchismo
Hoy comienza en el Tribunal Supremo el juicio contra el exministro socialista José Luis Ábalos, su exasesor Koldo García y el 'empresario conseguidor' Víctor de Aldama, por la trama de la compra de mascarillas durante la pandemia. Podría decirse que se trata del primer gran juicio contra el sanchismo por la corrupción que ha manchado sus mandatos presidenciales.
El fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, lo tiene muy claro después de la instrucción del caso. Considera que Ábalos, Koldo y Aldama "convinieron" aprovecharse del cargo del entonces ministro para "favorecer", "a cambio del correspondiente beneficio económico" de los tres, la contratación con la Administración "en cuantas ocasiones hubiera oportunidad, por empresas cuyos intereses captaría y promovería" el empresario. Todo ello, a su juicio, con "ánimo de enriquecimiento". Es decir, los integrantes de la trama vieron en la pandemia del Covid no las muertes ni el sufrimiento de cientos de miles de personas, sino la gran oportunidad de forrarse a su costa.
Desde que estalló el caso, tanto el exministro implicado como el Ejecutivo de Sánchez en pleno negaron el escándalo asegurando que no eran más que bulos y fango de la 'fachosfera'. Esta reacción de libro fue seguida de uno de los mayores ataques lanzados contra los jueces hasta el punto de llegar a señalar personalmente a algunos de ellos. Todavía da vueltas por el Congreso el proyecto Bolaños y su intento de cambiar la ley para quitar a los jueces la instrucción de los sumarios en lo que no es sino una oscura maniobra para acallar al poder judicial. Sabido es que Sánchez tiene alergia a la democracia y más si los casos de corrupción que investiga la Justicia salpican de lleno a su mujer y a su hermano.
Pero ninguna de estas oscuras maniobras se ha impuesto al imperio de la ley. Gracias a unos pocos jueces honrados y valientes -muy solos en ocasiones- se abrirán hoy las puertas del Tribunal Supremo para que los españoles vean a un todopoderoso número 2 de Sánchez en el PSOE y en el Gobierno sentado en el banquillo de los acusados y enfrentado a una pena de 24 años solicitada por el fiscal. Ábalos habrá tenido tiempo de sobra en la cárcel para reflexionar sobre su famosa intervención en el Congreso defendiendo la moción de censura contra el Gobierno de Rajoy. Los socialistas la justificaron para poner punto y final a la corrupción y regenerar la democracia. Y ganaron la votación con el apoyo de bilduetarras y separatistas catalanes. Y llegaron al Gobierno de la nación. Y desde el primer minuto organizaron una trama criminal de corrupción, así calificada por los jueces, olvidándose rápidamente de sus falsas promesas.
El de las mascarillas es algo más que un juicio al exministro Ábalos. Éste y los que le seguirán son en realidad un juicio al sanchismo y a sus modos de gobierno: corrupción, traspaso de líneas rojas, socios sonrojantes, asalto a las instituciones y empresas públicas, ataques a los jueces y a la prensa libre, cierre ilegal del Parlamento... Ningún demócrata sería capaz de seguir al frente de un Gobierno de esa traza. Ninguno menos Sánchez, que se aferra al sillón porque no tiene valores ni vergüenza alguna. En el inicio de este juicio podrá escudarse en que no conoce a Ábalos, pero todos saben que el exministro era tan solo una marioneta en el teatro de la corrupción.
El fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, lo tiene muy claro después de la instrucción del caso. Considera que Ábalos, Koldo y Aldama "convinieron" aprovecharse del cargo del entonces ministro para "favorecer", "a cambio del correspondiente beneficio económico" de los tres, la contratación con la Administración "en cuantas ocasiones hubiera oportunidad, por empresas cuyos intereses captaría y promovería" el empresario. Todo ello, a su juicio, con "ánimo de enriquecimiento". Es decir, los integrantes de la trama vieron en la pandemia del Covid no las muertes ni el sufrimiento de cientos de miles de personas, sino la gran oportunidad de forrarse a su costa.




























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