Condenados a entenderse
Podría parecer que los resultados de las elecciones en Castilla y León han dejado todo igual que estaba, pero lo cierto es que ha habido cambios sutiles en algunos casos y de fondo en otros.
La primera conclusión clara es que el PP ha vuelto a ganar las elecciones, como en Extremadura y Aragón. Además, es el partido que más crece en votos, pero pese a subir dos escaños vuelve a necesitar a Vox para gobernar. El partido de Abascal también ha mejorado sus resultados aunque no ha sido tanto como se esperaba. Ha logrado un procurador más y vuelve a tener la llave de la gobernabilidad. En resumen, el centro-derecha ha arrasado en la región, al cosechar 47 de los 81 escaños en juego.
En el lado de la izquierda, el PSOE ha podido recuperar levemente la sonrisa después de tanto batacazo electoral. Su candidato ha ganado dos escaños y Pedro Sánchez saca pecho como si se tratase de una victoria. Sin embargo, lo cierto es que los socialistas no tienen motivo de celebraciones porque llevan 40 años viendo cómo el PP gobierna en esta región y sin apenas desgaste. Hay quien interpreta la subida del PSOE por el hecho de haber sacado del baúl la bandera del 'no a la guerra'; sin embargo, la razón puede estar en el hundimiento de los partidos de extrema izquierda. Los castellanos y leoneses han jubilado a Podemos, IU y Sumar, empeñados en una cuesta abajo electoral sin frenos.
En esta situación, los electores han vuelto a decir bien alto y claro que quieren un pacto PP-Vox, como ya dijeron en Extremadura y Aragón, mientras Feijóo y Abascal se dedican a pensar cada uno en lo suyo, en vez de centrarse en el interés general. El jefe del PP proclama ahora: "Fallamos a la gente en 2023 y no podemos volver a hacerlo", y lo hace porque si no se ponen de acuerdo serán incapaces de mandar al sanchismo al desván de la historia. Abascal ha visto que Vox se ha estancado -posiblemente por su negativa a investir presidenta a Guardiola en Extremadura- y parece más predispuesto a llegar a acuerdos con el PP. Si para ello debe acordar gobiernos de coalición, que lo haga, que se implique en la gobernación para acabar con el mantra de que Vox sólo está a gusto en la oposición.
Las elecciones autonómicas que llevamos en los últimos meses no son más que el prólogo de lo que serán las generales cuando el inquilino de la Moncloa tenga a bien convocarlas, si es que lo hace. Todo apunta a que los españoles están más que hartos del sanchismo, de su corrupción innata, y de su frivolidad como Gobierno, que reniega de sus socios naturales para ejercer de incomprensible sujeto antisistema y ganarse el aplauso fácil de organizaciones criminales nacionales e internacionales. Los españoles no quieren eso. Están pidiendo a PP y Vox que se entiendan y que maduren una oferta política alternativa que condene a Sánchez y a sus socios anti-España al ostracismo de la historia.
La primera conclusión clara es que el PP ha vuelto a ganar las elecciones, como en Extremadura y Aragón. Además, es el partido que más crece en votos, pero pese a subir dos escaños vuelve a necesitar a Vox para gobernar. El partido de Abascal también ha mejorado sus resultados aunque no ha sido tanto como se esperaba. Ha logrado un procurador más y vuelve a tener la llave de la gobernabilidad. En resumen, el centro-derecha ha arrasado en la región, al cosechar 47 de los 81 escaños en juego.


























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