El odiador honoris causa
Como no tiene nada que hacer porque no puede gobernar por falta de apoyos, Pedro Sánchez se ha vuelto a sacar una vez más un conejo de la chistera. No se le ha ocurrido ni más ni menos que una herramienta para medir la cantidad de odio que destilan algunos discursos y mensajes que circulan por las redes sociales.
Sánchez es un zombie político que se arrastra por el empedrado de la 'res pública' sin proyecto, sin ideas y sin apoyos. Pero ya dijo que él puede gobernar sin el Parlamento y eso hace. Hasta nos mete en una guerra pero al mismo tiempo se proclama abanderado del 'No a la guerra'. Muy propio de él. Quiere quedar bien con esa decrépita izquierda anti-yanqui y con el propio Donald Trump. Por eso defiende al Irán de los ayatolás, pero al mismo tiempo envía la más moderna de las fragatas a la zona del conflicto.
Es el Sánchez que en su discurso de investidura -tras haber perdido las elecciones- proclamó la construcción de un muro para dividir a los españoles. Los socialistas y sus socios comunistas, herederos de ETA y separatistas son los buenos, mientras que los partidos de la oposición son los fascistas a quienes hay que señalar y perseguir, es decir, odiar. Y ahora viene con esta pamplina de medir el odio, él, que es el mayor factor de polarización y división que ha tenido la política española para que le sigan votando, no ya porque les guste lo que hace, sino por odio al adversario, como bien ha advertido Cayetana Álvarez de Toledo.
En la justificación de esta patochada, Sánchez ha alertado de que el odio no surge de forma "espontánea", sino que se cultiva y se utiliza como arma política. "Es -dice- como un virus en un laboratorio con el que se experimenta, simplificando la realidad hasta convertirla en un ellos contra nosotros". Y sabe bien de lo que habla porque encabeza un partido y un Gobierno que se ha propuesto como objetivos gobernar sin el control del Parlamento, meter en cintura a los jueces valientes que se atreven a perseguir el delito aunque afecte a los familiares y exministros del propio Sánchez, y acallar a los pocos medios críticos y libres que quedan sin someterse al pesebre monclovita.
En resumen, el inquilino de la Moncloa odia la democracia. ¿Cómo quedará ante la herramienta anti-odio que se ha inventado? Desde aquí proponemos que sea él quien juzgue eso de los odios porque hay que reconocerle el muy merecido título de odiador honoris causa.
Sánchez es un zombie político que se arrastra por el empedrado de la 'res pública' sin proyecto, sin ideas y sin apoyos. Pero ya dijo que él puede gobernar sin el Parlamento y eso hace. Hasta nos mete en una guerra pero al mismo tiempo se proclama abanderado del 'No a la guerra'. Muy propio de él. Quiere quedar bien con esa decrépita izquierda anti-yanqui y con el propio Donald Trump. Por eso defiende al Irán de los ayatolás, pero al mismo tiempo envía la más moderna de las fragatas a la zona del conflicto.


























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