Estas actuaciones se realizan cuando las orugas descienden de los árboles que albergan sus nidos para enterrarse en el suelo e iniciar el proceso de metamorfosis que culminará con la aparición de los ejemplares adultos (mariposas).
El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, acompañado del concejal delegado de Limpieza y Zonas Verdes, José Antonio Martínez Páramo, y del concejal de Barajas, Juan Peña, ha visitado este miércoles el parque Juan Carlos I, lugar donde están finalizando los trabajos de control y reducción de la oruga procesionaria.
En la presente campaña, durante los meses de enero y febrero, se han eliminado más de 53.500 bolsones. Si bien, la variación del número de nidos de la procesionaria retirados puede variar de un año a otro en función de factores climáticos y ecológicos que afectan a su reproducción y supervivencia. Por ejemplo, los inviernos suaves permiten que más orugas sobrevivan, mientras que primaveras con temperaturas estables aceleran su desarrollo y sincronizan su salida en masa.
Además, la abundancia de alimento como bosques de pinos sanos y densos facilita la proliferación de colonias. La disminución de depredadores naturales como aves insectívoras o insectos parasitarios también contribuye a que más orugas lleguen a formar nidos. Por lo tanto, la combinación de clima favorable, disponibilidad de alimento y menor control natural da lugar a años en los que los nidos de procesionaria son mucho más numerosos.
Actuaciones en toda la ciudad
Las labores de control de la procesionaria se han llevado a cabo en zonas verdes y parques de titularidad municipal de los 21 distritos de la capital. La intervención se ha centrado, especialmente, en aquellos espacios donde existe una mayor presencia de especies arbóreas susceptibles de albergar este insecto, fundamentalmente en pinos y cedros. En este sentido, las actuaciones han sido más intensas en grandes parques forestales como la Casa de Campo, la Dehesa de la Villa o la Finca de Tres Cantos, así como en importantes espacios de este tipo de arbolado presentes en parques de barrio, entre los que destacan el Pinar de la Elipa, el Pinar de San José y el parque de la Ventilla, entre otros.
De manera prioritaria, los trabajos se han intensificado en zonas especialmente sensibles como áreas infantiles, espacios estanciales y entornos próximos a centros escolares, con el objetivo de minimizar cualquier riesgo para la salud pública. Todas estas actuaciones se desarrollan en el marco de los contratos vigentes de conservación, mantenimiento y limpieza de las zonas verdes, del arbolado viario y de los parques y viveros municipales de la ciudad de Madrid.
Un tratamiento integral y respetuoso con el entorno
El control de la procesionaria del pino se lleva a cabo mediante un sistema integral que combina prevención, eliminación y medidas sostenibles, respetando siempre el medio ambiente. El programa se desarrolla a lo largo del año en cuatro fases coordinadas. La primera, durante el verano, consiste en la colocación de trampas con feromonas sexuales que capturan a los machos y evitan el apareamiento, reduciendo así la puesta de huevos. En la campaña actual, se han instalado 4.962 trampas en distintas zonas verdes municipales, actuando como una medida preventiva temprana.
En la segunda fase, en octubre y noviembre, se aplica la técnica de endoterapia en árboles seleccionados, especialmente aquellos de difícil acceso. Las labores consisten en introducir productos fitosanitarios autorizados directamente en la savia del árbol, de manera que llegan a las hojas de las que se alimentan las orugas y las eliminan de forma controlada. Este tratamiento se aplicó en más de 7.200 ejemplares de árboles altos, en patios interiores o zonas donde la retirada manual de nidos resulta inviable.
La tercera fase se centra en la retirada mecánica de los nidos durante los meses de enero y febrero. Los nidos, situados principalmente en las copas de pinos y cedros, se eliminan mediante tijeras de pértiga o plataformas elevadoras, siendo la intervención más directa y efectiva, aunque también la que requiere mayor esfuerzo técnico y humano.
Finalmente, como fase preventiva adicional, en febrero se colocan anillos perimetrales alrededor de los troncos de los árboles. Estos dispositivos impiden que las orugas desciendan al suelo, evitando las procesiones características y reduciendo el riesgo de contacto con personas y animales. En la campaña actual, se han instalado 5.357 anillos.
Paralelamente, el Consistorio promueve la biodiversidad urbana fomentando la presencia de aves insectívoras como herrerillos y carboneros, que actúan como depredadores naturales de la procesionaria. Este enfoque integral combina medidas preventivas, correctivas y ecológicas, logrando reducir la presencia de la plaga de manera progresiva, sostenible y respetuosa con el ecosistema urbano.
Campaña clave para la salud del arbolado
La presencia de la oruga procesionaria supone una grave amenaza para la salud de los pinos y otras especies de coníferas, ya que el sistema de alimentación de estos insectos se basa en las hojas o acículas, lo que provoca una pérdida significativa de la masa foliar. Esta defoliación limita la capacidad del árbol para realizar la fotosíntesis, alterando sus funciones vitales y generando un importante estrés fisiológico.
Ante esta situación, las campañas periódicas de control resultan fundamentales, ya que permiten reducir de forma progresiva la intensidad de las infestaciones y evitar daños acumulativos en el arbolado. Cuando un árbol se ve obligado a regenerar sus hojas de manera continuada, consume gran parte de sus reservas energéticas, debilitándose y aumentando su vulnerabilidad frente a otras plagas, hongos y enfermedades.
Sin una actuación preventiva sostenida en el tiempo, las infestaciones repetidas pueden impedir la recuperación natural del árbol, provocando un deterioro irreversible de su estructura y, en los casos más graves, su muerte. Por ello, las campañas de vigilancia, tratamiento y eliminación de la procesionaria no solo protegen el arbolado urbano y forestal, sino que constituyen una herramienta clave para garantizar la conservación del patrimonio verde y el equilibrio de los ecosistemas en los que estos árboles desempeñan un papel esencial.
Recomendaciones ante la presencia de orugas procesionarias
El Ayuntamiento recuerda a la ciudadanía la importancia de evitar cualquier tipo de manipulación o acercamiento a las orugas procesionarias. Su desplazamiento en fila puede resultar llamativo, especialmente para los menores y las mascotas, lo que incrementa el riesgo de contacto accidental. Ante una situación de amenaza, las orugas pueden desprender pelos urticantes capaces de provocar reacciones en la piel, los ojos y las mucosas, con posibles consecuencias para la salud.
Por este motivo, se considera fundamental que los niños conozcan el aspecto de estos insectos y los riesgos asociados a su presencia. Mostrarles imágenes y explicarles los peligros de aproximarse tanto a los bolsones como a las orugas cuando ya se encuentran en el suelo es una medida preventiva especialmente relevante entre los meses de diciembre y marzo, cuando alcanzan sus estadios finales y su capacidad urticante es mayor.
En caso de detectar la presencia de orugas procesionarias, el Ayuntamiento recomienda no entrar en contacto con ellas y comunicarlo a los servicios municipales a través del teléfono gratuito 010, para que actúen en la zona afectada, en caso de que sea de titularidad municipal. Si las procesionarias se sitúan en parques o espacios privados, se insta a contactar con los responsables para que adopten las medidas correspondientes.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.97