Una izquierda sin cabeza
Una izquierda que incluye a un Sumar que resta, una izquierda que se alía con un rufián separatista y una izquierda que propone 'Un paso al frente', sí, pero al borde del barranco, es una izquierda sin cabeza y sin otro propósito que no sea conservar sus pequeñas parcelas de poder.
En pleno siglo XXI, los/las Díaz, Belarra, Montero, Mónicas Garcías, Urtasun y Balldovís, insisten en rancias fórmulas superadas en todos los países donde el comunismo se impuso amparado en el totalitarismo. Disfrazados de Armani y Chanel para no asustar a los ingenuos, persisten en medidas que sólo traen ruina y pobreza. El coste del SMI, obsesión de la ministra de Trabajo, recae sobre los pequeños empresarios y autónomos, a quienes se busca arruinar asfixiando sus negocios con ese tipo de medidas, impuestas por decreto. La ley del 'sólo sí es sí' de los podemitas sólo sirvió para vaciar las cárceles de violadores y pederastas. Por no resistir no resiste ni su feminismo de escaparate. ¿Dónde están las protestas contra los Ábalos, Koldos y Salazar por su machismo recalcitrante? ¿Qué han dicho sobre el jefe de la Policía Nacional, acusado por una agente subalterna de agresión sexual? Nada. Esa izquierda de caviar y langostinos guarda silencio porque esos comportamientos reprochables e ilegales provienen de sus mismas filas. Si se hubiera tratado de políticos del PP o de Vox las calles estarían ardiendo.
Con Pedro Sánchez como jefe indiscutido e indiscutible, la extrema izquierda que gobierna en España ha estrenado chalés de lujo -tan diferentes de su proletario Vallecas- ha disfrutado de viajes 'oficiales' a la capitalista Nueva York para un fin de semana de compras, no se ha apeado del coche oficial y ha 'okupado' despacho con moqueta roja. Por ello, todo su programa se limita a intentar conservar esos privilegios, aunque tengan que desgañitarse al grito de que ¡viene la extrema derecha! a ver si consiguen seguir engañando a la parroquia. Pero cada vez engañan menos, a tenor de los resultados electorales que se van conociendo, porque allí donde llaman a las urnas esa izquierda trasnochada es enviada a la irrelevancia más absoluta.
El acto del sábado de Madrid, donde Sumar, IU, Comuns y Más Madrid lanzaron una supuesta refundación de su proyecto, no es más que una mascarada post-Carnaval en busca de unas ideas que no encuentran, y de un líder del que carecen. Es, simplemente, la escenificación de una extrema izquierda sin cabeza y descabezada.
En pleno siglo XXI, los/las Díaz, Belarra, Montero, Mónicas Garcías, Urtasun y Balldovís, insisten en rancias fórmulas superadas en todos los países donde el comunismo se impuso amparado en el totalitarismo. Disfrazados de Armani y Chanel para no asustar a los ingenuos, persisten en medidas que sólo traen ruina y pobreza. El coste del SMI, obsesión de la ministra de Trabajo, recae sobre los pequeños empresarios y autónomos, a quienes se busca arruinar asfixiando sus negocios con ese tipo de medidas, impuestas por decreto. La ley del 'sólo sí es sí' de los podemitas sólo sirvió para vaciar las cárceles de violadores y pederastas. Por no resistir no resiste ni su feminismo de escaparate. ¿Dónde están las protestas contra los Ábalos, Koldos y Salazar por su machismo recalcitrante? ¿Qué han dicho sobre el jefe de la Policía Nacional, acusado por una agente subalterna de agresión sexual? Nada. Esa izquierda de caviar y langostinos guarda silencio porque esos comportamientos reprochables e ilegales provienen de sus mismas filas. Si se hubiera tratado de políticos del PP o de Vox las calles estarían ardiendo.

























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