Sánchez, el gafe
Verdaderamente Pedro Sánchez es un gafe, y de los mejores. En algunas ocasiones, su gafe es sobrevenido; en otras, es provocado incluso.
En sus casi ocho de 'okupación' de La Moncloa hay ejemplos sobrados. Así, al poco de llegar al poder tuvo que enfrentarse a una pandemia como la del Covid. Cierto que era de ámbito mundial, pero él le dio su toque personal de tirano al condenar a los españoles a una reclusión domiciliaria que luego fue declarada inconstitucional, mientras algunos de sus ministros se hacían ricos a consta de traficar con las mascarillas. Luego llegó el volcán de La Palma, una catástrofe natural que habría que retroceder décadas para ver algo parecido. Los afectados siguen esperando en balde la llegada de las ayudas. Hace año y medio una gota fría causó más de 200 muertos en Valencia y si volviera a suceder hoy la tragedia se repetiría porque los políticos se han enzarzado en el 'y tú más', en vez de encauzar el barranco del Pollo. Ahora, media España se ve engullida por las aguas de las borrascas y miles de vecinos han perdido sus casas y negocios mientras el presidente se da una vuelta de media hora en helicóptero para cubrir el expediente. Y no olvidamos la tragedia de tren de Adamuz, con 46 muertos, porque este Gobierno no quiere gastarse el dinero en el mantenimiento de las vías.
El apartado de gafe provocado viene también completito. Sánchez tiene a su familia más cercana -mujer y hermano- próximos a sentarse en el banquillo de los acusados por corruptos, así como a un exministro y a dos exsecretarios de Organización del PSOE. Todo lo que toca huele a corrupción. Es la herencia que le dejó su padre político, Zapatero, inquieto por si acaba haciendo compañía a Maduro en una cárcel de Nueva York.
Y, para terminar, el gafe le sale a Sánchez por los poros en cuanto a elecciones se refiere. Las ha perdido todas, arrastrando al PSOE a obtener sus peores resultados históricos a nivel nacional, autonómico y municipal. Sus resultados electorales son tan malos como su tesis doctoral 'fake'. Pero ahí está. Perdiendo, gobierna. Es un gafe con suerte. La mala suerte de ese gafe es para los españoles, condenados a soportarle.
En sus casi ocho de 'okupación' de La Moncloa hay ejemplos sobrados. Así, al poco de llegar al poder tuvo que enfrentarse a una pandemia como la del Covid. Cierto que era de ámbito mundial, pero él le dio su toque personal de tirano al condenar a los españoles a una reclusión domiciliaria que luego fue declarada inconstitucional, mientras algunos de sus ministros se hacían ricos a consta de traficar con las mascarillas. Luego llegó el volcán de La Palma, una catástrofe natural que habría que retroceder décadas para ver algo parecido. Los afectados siguen esperando en balde la llegada de las ayudas. Hace año y medio una gota fría causó más de 200 muertos en Valencia y si volviera a suceder hoy la tragedia se repetiría porque los políticos se han enzarzado en el 'y tú más', en vez de encauzar el barranco del Pollo. Ahora, media España se ve engullida por las aguas de las borrascas y miles de vecinos han perdido sus casas y negocios mientras el presidente se da una vuelta de media hora en helicóptero para cubrir el expediente. Y no olvidamos la tragedia de tren de Adamuz, con 46 muertos, porque este Gobierno no quiere gastarse el dinero en el mantenimiento de las vías.























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