Viernes, 02 de Enero de 2026

Actualizada Viernes, 02 de Enero de 2026 a las 10:58:14 horas

EMILIO SUÑÉ
Viernes, 02 de Enero de 2026

ONU y UE: ¿Cómo imponen sus agendas antidemocráticas?

La imposición de legislación antidemocrática por organizaciones internacionales, al servicio de lobbies globales, es algo que expliqué en 2000 (Lima-Perú), en una Conferencia publicada, sobre propiedad intelectual. Sólo con leerla junto con escritos míos posteriores, se ve claro cómo la ONU y la UE imponen la Agenda 2030. Es el mismo mecanismo.

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Como habréis podido observar, admiro a Reagan y concuerdo con las políticas de Trump, pero quien vea esto como pleitesía hacia los EE.UU., se equivoca por entero; pues en mi Conferencia de Lima criticaba abiertamente la política USA, en cuanto a prohibir los programas que eludían las protecciones software, intento que fracasó, en 1995, en el Congreso, por la oposición ciudadana a los intereses de los lobbies de propiedad intelectual. Pues bien, la Administración Clinton presionó en el ámbito internacional (vía OMPI), y logró incluir la adopción de la medida que no lograron sacar adelante en su país, en el Tratado sobre Derecho de Autor de 1996; con lo que, al ratificar el Tratado, se la colaron a la Cámara de Representantes. ¿Cómo es posible?
 
Desde instituciones transnacionales, normalmente del ámbito Naciones Unidas, no sujetas a controles democráticos rigurosos, como la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), o también la UE, es fácil que los lobbies campen a sus anchas e impongan sus criterios a los Estados, cuya casta política los acepta complacida, pero la ciudadanía -en la que se supone reside la soberanía nacional- no. Subvertir Democracia por plutocracia -o en general oligarquía- desde una organización internacional gubernamental es muy fácil. Basta con que las burocracias -al servicio de grupos de presión- que la controlan, preparen un tratado internacional, que firman los Gobiernos de los Estados. La posterior ratificación del correspondiente tratado por muchos Parlamentos, hace imposible, de facto, la enmienda de las cuestiones más críticas, porque en los Parlamentos de los Estados, la ratificación de los mismos, es incompatible con su enmienda.
 
La ratificación parlamentaria de los tratados no puede ser “a la carta”. Como mucho, en alguna cuestión muy puntual, de altísimo calado, algún Estado puede formular una “reserva”, que la excluye, pero sólo para sí mismo. La votación ha de ser necesariamente de totalidad, sin que quepa un proceso de enmienda del articulado, que es incompatible con la naturaleza multilateral del tratado internacional. Por ejemplo, sería imposible aprobar un tratado, si España enmienda el artículo 2, Francia el 3, y Marruecos también el artículo 2, pero en sentido opuesto al de España. Los tratados, que han sido preparados por burocracias enquistadas en las organizaciones internacionales, conectadas con poderosísimos grupos de poder, tienen rango supralegal, al tiempo que para los Parlamentos estatales, son lentejas -o las tomas o las dejas- a la hora de ratificarlos. Es un todo o nada, sin posibilidad de debate y enmienda particularizados.
 
Hay que ser conscientes de ello y ponerlo sobre la mesa en el apremiante debate para una reforma en profundidad de Naciones Unidas y sus organizaciones-satélite, como la citada OMPI, la OMS, con su oscura actuación en la pandemia, la UNWRA, que ampara el terrorismo de Hamas, etc. Incluso la mismísima ONU, que en el actual mandato de Guterres, muy político y nada diplomático, se ha alineado con las oligarquías globalistas y sus Agendas de dominación.
 
En la UE es aún peor. Tienen el poder de supralegislar, en la práctica también por encima de las Constituciones de los Estados. Cada día usan menos la Directiva y más el Reglamento UE -al que llaman Ley-, de aplicación directa, y en el colmo del cinismo, los partidos “de turno” (socialistas y conservadores) son aliados, y forman mayoría en el Parlamento Europeo. Quien crea que esto tiene algo que ver con Parlamentarismo y Democracia, que se compre unas gafas.
 
 
 Emilio Suñé es catedrático de Filosofía del Derecho y Derecho Informático de la Universidad Complutense de Madrid.
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