Pedro Sánchez hace y deshace a su antojo siguiendo, más que el manual del "resistente", el del aficionado a autócrata. Y es que la nuestra es cada vez más no solo una democracia opaca en la que nuestros gobernantes ni se molestan en guardar las formas.
Negociar con Puigdemont en Suiza, meter por medio a verificadores, es lisa y llanamente una humillación para nuestro país al que Sánchez está colocando a los pies del ex presidente fugado. Y todo esto lo hace sin rubor, sin despeinarse, enardecido por los aplausos y parabienes de la corte de "pelotas" que le rodean.
Pienso que Pedro Sánchez está a falta de escuchar voces críticas, de escuchar voces de quienes no le deban nada y mucho menos el puesto. Yo quiero creer que algún día despertará del falso sueño en que vive y se pedirá cuentas a sí mismo.
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