El número de llegadas de migrantes supera la población total de la isla y pone en jaque su sistema de acogida. Frente a esta ola migratoria, Francia y Alemania anunciaron suspender el traslado de solicitantes de asilo procedentes de Italia.
Con la visita de la mandataria europea a la isla, la más próxima a las costas africanas, Meloni tratará de alcanzar un compromiso de ayuda mayor por parte de la Unión Europea tras situaciones que han desbordado su capacidad de asistencia.
El sistema de acogida de la isla está en jaque porque dispone únicamente de un centro de recepción con capacidad para 400 personas. Así que mujeres y niños han sido obligados a dormir afuera en improvisados catres de plástico o envueltos en mantas metálicas de emergencia.
“Hemos llegado a un punto de no retorno y la isla está en crisis”, declaró Filippo Mannino, alcalde de Lampedusa, quien encendía las alarmas ante la agencia de noticias Adnkronos: “Todos estamos cansados y agotados, tanto física como psicológicamente, la situación se está volviendo inmanejable e insostenible”
La Cruz Roja, presente en la isla, distribuye comida, coberturas y otras provisiones básicas, pero tiene dificultad para atender a todos los migrantes. "La situación es complicada y la Cruz Roja Italiana se esfuerza por seguir garantizando, mediante un esfuerzo considerable, servicios básicos a las personas a las que asiste", declaró la italiana Francesca Basile, representante de la organización.
Además, en los muelles suele haber choques entre la policía y cientos de migrantes, que intentan abandonar la isla en su recorrido hacia la Europa continental.
Aunque la policía comenzó a trasladar a algunos de los inmigrantes a Sicilia en ferry y avión, Filippo Mannino pide ayuda al Estado italiano y la Unión Europea para enfrentar a la situación: “Europa y el Estado italiano deben intervenir inmediatamente con una rápida operación de apoyo y un rápido traslado de personas”.
En la práctica ha sido difícil conseguir la unidad y países miembros de la Unión Europea ya tomaron medidas para prevenir la llegada de migrantes desde Italia a sus territorios nacionales.
El pasado miércoles Alemania anunció que suspendía la acogida voluntaria de solicitantes de asilo procedentes de Italia. Una decisión justificada por la “fuerte presión migratoria” actual.
Maximilian Kall el portavoz del Ministerio del Interior de Alemania, también le reprochó a Italia no aceptar a los solicitantes de asilo. El reglamento de Dublín, que establece las normas de la UE en materia de migración, dice que los migrantes irregulares son responsabilidad del primer país de Europa al que arriban.
En paralelo, el ministro del interior francés, Gérald Darmanin, expresó su voluntad de reforzar la frontera entre Francia e Italia para prevenir llegadas de migrantes irregulares.
"Tenemos un aumento del 100% de los flujos, lo que afecta a Alpes Marítimos y a todos los Alpes", declaró el ejecutivo a la prensa tras una visita, el martes 12 de septiembre, al puesto fronterizo de Menton.
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, electa el año pasado con la promesa de acabar con la inmigración hacia Italia, reaccionó a estas decisiones diciendo que “la cuestión de la reubicación es secundaria”.
La líder ultraderechista volvió a insistir en que la prioridad de la Unión Europea debe ser reducir el flujo de migrantes que llegan a las costas italianas.
En junio, la primera ministra italiana visitó Túnez, junto con la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, con la promesa de más de 1.100 millones de dólares en ayuda financiera para rescatar su economía y vigilar mejor sus fronteras, en un esfuerzo por restaurar la estabilidad en el país norte africano, y frenar la migración hacia las costas europeas.
Y en este momento Italia enfrenta una de las olas migratorias más importantes de los últimos años. Según el ministerio de interior de ese país, casi 124.000 migrantes han llegado a sus costas desde principio del año, aproximadamente el doble que el mismo periodo del año pasado. Sin embargo, las cifras aún no han superado las de 2016, cuando más de 181.000 llegaron a Europa, muchos de ellos provenientes de Siria, escapando de la guerra.
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