La eficacia de estos Terroristas, con disfraz de Ejército Regular, es para entrar en el libro de los récords. Ni el bombardeo de Gernika, de Franco, ni el de Cabra, llevado a cabo por los Republicanos -que causó más de cien muertos civiles- alcanzan las respetuosas dimensiones de la masacre que ha logrado el Ejército Terrorista Ruso con su eficacia, disparando contra niños, enfermos, médicos, hombres y mujeres de paisano. Estos etarras con uniforme de su país están colocando a sus jefes en una posición que bascula entre la falta de eficacia profesional y la vergüenza de tener que matar a personas sin uniforme para ganar una guerra.
Tengo un par de buenos amigos militares vivos, y he mantenido relaciones de afecto con un par de ellos, desgraciadamente ya muertos, y me constan las virtudes, la nobleza, el sacrificio, el magro sueldo, y la disponibilidad para dar la vida en el empeño. No me los imagino en un Ejército Terrorista, y dedicando sus saberes, que son muchos, no en defender la patria o hacerla más grande, sino en aterrorizar a la población civil, en matar a niños que están en una escuela, y no sabían que tendrían que conjugar el primer tiempo del presente del verbo morir: "Yo muero". ¡Qué vergüenza! ¡Qué ignominia! Estar dispuestos a dar la vida por la patria, y que un Psicópata convierta la nobleza del militar en la miseria del terrorista profesional. Estoy convencido de que mis amigos se rebelarían contra esta humillación, con esta adulteración de deberes. Y estoy convencido, también, de que así nunca podrán ganar una guerra.
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