La central Fukushima Daiichi, donde varios reactores se fusionaron tras el tsunami de 2011, genera 100.000 litros diarios de agua contaminada.
El operador de la central, TEPCO, trata y almacena en el lugar la mezcla de aguas subterránea, de lluvia y de refrigeración de la propia planta.
DEPÓSITOS SATURADOS
Pero tras haber acumulado 1,33 millones de litros cúbicos de agua, los depósitos están casi saturados.
TEPCO y el gobierno japonés quieren verter al océano el líquido tratado, diluido con agua de mar, a través de una tubería de un kilómetro.
Aseguran que la filtración elimina la mayoría de radioisótopos, con lo que el agua tratada no difiere de la habitualmente vertida por otras plantas nucleares, una consideración que comparten los expertos y la agencia reguladora de la ONU.
Es "un plan robusto", dice Tony Hooker, profesor asociado del Centro de Investigación, Educación e Innovación sobre la Radiación de la Universidad de Adelaida.
"Es improbable que se observe un impacto ambiental o en la salud humana", señala este experto, admitiendo de todos modos el creciente debate sobre la práctica de desechar estos residuos en el océano.
Las reivindicaciones sobre el riesgo de esta evacuación "no se basan en evidencia científica", coincide Jim Smith, profesor de ciencia medioambiental en la Universidad de Portsmouth.
El gobierno nipón y TEPCO se enfrentan a persistentes críticas. Algunos apuntan a los pasos en falso ocurridos después del accidente como origen de esta desconfianza.
El grupo ecologista Greenpeace ha sido una de las voces más ruidosas en contra del plan y acusa al gobierno de "subestimar el riesgo de radiación".
Los países vecinos, desde China a las islas del Pacífico, también expresaron su preocupación.
Las comunidades de pescadores de la zona que pasaron años combatiendo el estigma o incluso las prohibiciones contra sus productos temen que todo este trabajo para recuperar la confianza del consumidor se eche a perder.
Para evitarlo, el gobierno ha encargado a decenas de funcionarios la tarea de persuadir a la opinión pública tanto en Japón como en el exterior.
Han organizado visitas a la planta con delegaciones regionales e internacionales y también con medios.
Como parte de estas visitas, a veces mostraban tanques repletos de agua residual tratada en los que había peces nadando sin problemas, un experimento que también difundieron por YouTube.
Pero probablemente el punto más importante de esta campaña es la revisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica, que apoyó el plan de evacuación y vigilará su implementación.
"Esta es la organización que puede aportar garantías no solo al pueblo japonés, sino a la comunidad internacional", afirmó Shinichi Santo, director de la división de cooperación nuclear internacional en el ministerio de Relaciones Exteriores nipón.
Pero la controversia probablemente continuará. El secretario general del Foro de las Islas del Pacífico, Henry Puna, pidió el mes pasado "más tiempo y mucha cautela" en el análisis.
Seúl ha templado la oposición inicial, en medio de un acercamiento diplomático entre ambos vecinos, pero el pánico cundió entre sus ciudadanos que acudieron a comprar paquetes de sal, convencidos de que el vertido de agua contaminará el agua del mar de la que se extrae esta sustancia.
Esta liberación de aguas debe alargarse durante décadas. El gobierno japonés es consciente de que su campaña de seducción está lejos de terminar.
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