Sube la gasolina después de la limosna de los céntimos que nos ha dado el Gobierno hasta el mes pasado. Así que si alguien pretende comprar combustible todo apunta a que va a tener que vender primero el coche porque al paso que va la burra no le va a quedar más remedio que claudicar.
Suben las hipotecas. Y a este ritmo tan atroz una familia media española no va a ser capaz de llegar a fin de mes porque las peores previsiones auguran que el Euribor puede alcanzar el cuatro por ciento este año. En esto parece que Pedro Sánchez también quiere emular a Zapatero, que decía que el progresismo consistía en ayudar a los españoles más necesitados, pero en el camino se los iba devorando con el pago de sus casas y con la subida de impuestos.
Sube el precio de la luz, también para los clientes que dispongan de tarifa regulada vinculada al mercado mayorista. Y desde este mismo lunes ya se ha disparado el precio hasta los 85,23 euros por megavatio hora. Es decir, que va a suponer un aumento del 893,36 por ciento si se compara con los 8,58 euros del pasado domingo.
Sube la tarifa regulada del gas un nueve por ciento, a pesar de las medidas estelares que decía tener el Gobierno. Así que cocinar, calentarse o darse una ducha de agua caliente va a ser un lujo que va a estar solo al alcance del Consejo de Ministros.
Suben incluso hasta los sellos, los peajes y las tarifas de los teléfonos… Sube todo lo que no tenía que subir, incluso al mismo ritmo frenético que baja el poder adquisitivo de los ciudadanos españoles. Y todo es gracias a la política económica hecha al son que marca Pedro, la de ir cuesta abajo y sin frenos.
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