Alemania ya ha dado muestras de su dureza contra los que realmente son enemigos de la nación y contrarios a las leyes democráticas. En el caso del país germano ya está entre rejas Heinrich XIII, de la Casa Reuss-Greiz, un loco de 71 años que, además de creerse el príncipe heredero de su país, es uno de los integrantes del grupo terrorista de los Ciudadanos del Reich.
En cuanto a Perú, al menos de momento, también está en chirona un tonto del bote que tras su fallido golpe de Estado ahora pone como excusa que alguien le debió de poner algo en la cocacola y que por esa razón actuó tan impetuosamente.
Pero, por ahora, al mismo tiempo que los candidatos a dictadores urden sus estúpidas coartadas, van desapareciendo sus esperanzas de salir impunes de la gravedad de sus actos. Al menos en un país de primer orden mundial como Alemania, que sin duda ha aprendido de sus graves errores del pasado. Y es que en el caso de los germanos las leyes que regulan su buena salud democrática van a actuar con total rotundidad contra el aspirante a dictador. O al menos esa es la disposición que están mostrando a Europa.
En lo que respecta a Perú, todo es algo más confuso. Máxime teniendo en cuenta sus continuos errores a la hora de velar por su ciudadanía y sus constantes flirteos con el populismo a lo largo de su historia.
No obstante, aun con esas, parece que el golpe finalmente no tendrá efecto. Y todo apunta a que el comunista Pedro Castillo, drogado o sin drogar, no va a llegar a engordar aún más esa larga lista de golpistas que encabeza José de la Riva-Agüero, el general Francisco Morales Bermúdez o el propio Fujimori.
Decía el peruano Vargas Llosa que está llegando la época en la que la honorabilidad es la excepción y la traición es la norma, y los nuevos gobernantes de Perú tienen una oportunidad única de demostrar al mundo que su país es capaz de actuar con firmeza contra los agresores de la democracia. Porque si los nuevos dirigentes peruanos apuestan ahora por hacer que se cumpla la ley, ofreciendo castigos ejemplares a ese alzamiento populista, su país se podrá sentar en la misma mesa que Alemania. De lo contrario, si despliega su alfombra roja a los amigos del terror, solo podrá unirse al bando de Pedro y los secesionistas. Y pasar a la historia como otro gobierno sandio y traidor.
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