El presidente del Gobierno ha insistido en numerosas ocasiones en ese falso argumento de que los bancos fueron salvados con el dinero de todos, cuando las salvadas fueron las cajas de ahorros dirigidas por políticos. Aún así, y a pesar de los defectos que puedan tener los bancos en su relación con los clientes, en su imagen pública de empresarios sin alma, de negro y con puro, no hay economía que pueda vivir sin bancos. Son, se dice, como el aceite de los coches, la sangre que corre por el sistema.
La prueba del nueve, la paradoja del comportamiento de Sánchez y Calviño es que mientras lanzan esos mensajes negativos sobre el funcionamiento de los bancos y su relación con los clientes a los que despojan de sus viviendas, les necesita y más en momentos delicados como los que estamos viviendo. En este sentido, es un tanto psicopático que por un lado se cree un impuesto especial y nominativo sobre el que hay muchas dudas sobre su legalidad. De hecho, muchas entidades ya han anunciado que lo pagarán mientras preparan acciones judiciales por entender que es injusto e ilegal. Y, por otro lado, se les pide ayuda. Primero fue con las hipotecas a tipo variable. La impresionante subida del Euribor ha provocado un auténtico agujero en los presupuestos de casi un millón y medio de españoles, muchos de los cuales no son capaces de pagar las cuotas en tiempo y forma. Pues bien, el Gobierno lanzó un desesperado SOS al sector financiero para que se flexibilice el pago del préstamo, se retrase su vencimiento con el ánimo de ayudar al pago sin perder la vivienda. No es la panacea, pero le proporcionó al Gobierno titulares, propaganda.
Ahora parece que Calviño ha lanzado otra desesperada petición a los bancos para que le ayuden con los fondos europeos. El caos, el desastre es tal en la ejecución de los miles de millones que ya han llegado a España que necesita imperiosamente ayuda. El ridículo es de tal magnitud que el próximo mes de febrero la UE enviará a unos auditores para que observen de primera mano qué está pasando en España con el dinero ya enviado. La escasa ejecución de los fondos, las protestas de los empresarios a los que no les llega, el fracaso de los numerosos PERTE lanzados es ya un secreto a voces y Bruselas, aunque llega tarde, se lo ha tomado en serio. Parece que Sánchez en su relación con los bancos también cabalga contradicciones. Veremos en qué acaba esta nueva petición para ayudar al soldado Sánchez.
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